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Sin provocar estragos, el béisbol puede readecuar su calendario

El equipo de Granma en el Latinoamericano no parecía el mismo que durante los últimos pleitos de diciembre le ganó el duelo particular a Santiago de Cuba

Autor:

Raúl Arce

Los granmenses hicieron un gran esfuerzo en el Latino, como se aprecia en esta espectacular «volada» del torpedero Marcos Fonseca, pero la resaca de fin de año les pasó factura. Foto: Alex Castro

«No entrenamos, no descansamos», era el comentario, sotto voce, en la cueva del equipo de Granma.

Al amanecer del día dos de enero habían salido esos hombres de la ciudad de Bayamo, para digerir el largo tramo de carretera que los separa de la capital del país. Por si el momento no pareciera demasiado temprano, tras el fragor de las celebraciones de fin de año, más duro resultó el reclamo para aquellos atletas de municipios circundantes a la ciudad monumento, obligados a dejar sus hogares desde el mismísimo día primero.

Granma, renqueante sobre el terreno del Latinoamericano, no parecía, no era el mismo equipo que durante los últimos pleitos de diciembre le ganó el duelo particular a Santiago de Cuba, dos juegos por uno.

A centenares de kilómetros del drama que representaban los granmenses, apaleados por Industriales en el doble compromiso, Ciego de Ávila solventaba satisfactoriamente su primer compromiso ante el visitante Pinar del Río. El choque del telón, fastidiosamente dilatado hasta el episodio 15 sin que corredor alguno tuviera la oportunidad de pisar la goma, fue sellado; las sombras que envolvieron al estadio José R. Cepero arrojaron la toalla sobre los dos contendientes.

«Ese juego no se reanudará este jueves, quedará pendiente para cuando se vean las caras en el Capitán San Luis», fue la perentoria decisión de la Dirección de este deporte.

¿Por qué esos dobles programas, si los calendarios se hacen con muchísimos meses de anticipación?, me preguntó un aficionado.

Cada vez más organizado, cada vez enfrentado a mayores exigencias —y el año del I Clásico dio fe de ello— nuestro béisbol puede decidirse, al fin, a readecuar sus calendarios de año nuevo.

Un par de fechas vacantes adicionales, y la supresión de las agobiantes carteleras de dos encuentros, redundarían en la calidad del espectáculo, sin provocar estragos en el calendario de 90 pleitos.

Lo agradecerían los jugadores, el inmenso operativo que se mueve en torno de ellos —desde choferes hasta periodistas— y la divulgación en diarios, emisoras de radio y televisión, resultaría más efectiva, más cercana a la que merecen esos hombres de gorras y spikes.

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