El sol de la libertad tiene que salir

A Anwar Mohamad Yassine, preso en cárceles israelíes durante casi 20 años, le sobran las marcas del dolor, pero más aún las razones, para asumir como propia la causa de los Cinco

Autor:

Nyliam Vázquez García

Quizá a Anwar Mohamad Yassine le gustaría olvidar 17 años de su vida. Sin embargo, de lo que no se desprende, y seguramente fue un pilar durante ese período de torturas y vejaciones en cárceles de Israel, es de las razones que lo llevaron a la lucha. Su resistencia lo convirtió en símbolo. No dijo nada a los torturadores.

A Yassine los sionistas no le permitieron, durante los largos años de encierro, ver a su familia. Lo sacaron del territorio libanés donde lo capturaron y lo llevaron hasta cárceles israelíes, sin importar las violaciones que ello implica a más de un tratado internacional; a pesar de todo se mantuvo firme. Cuando consiguió la libertad en 2004, entre las primeras cosas que hizo fue sumarse a la lucha por la liberación de Gerardo, Antonio, Fernando, Ramón y René. Nadie como él para entender a los antiterroristas cubanos.

Su gesto de solidaridad y el activismo por la causa de los nuestros desde el comité de solidaridad con los Cinco en el Líbano, descubren a un ser humano luchador bajo cualquier circunstancia y siempre del lado de los que se oponen al imperialismo. Más que por las conexiones obvias entre su historia y la de los Cinco, su posición es de principios. Por ello participa en cada una de las actividades que se organizan para aumentar la presión sobre el Gobierno estadounidense para que haga lo que debiera hacer.

El diálogo con este hombre que ya peina canas y es miembro del Comité Central del Partido Comunista del Líbano, quien fue apresado con solo 18 años, fue posible gracias a muchos azares y, porque Cuba para él es prioridad.

Formó parte de la delegación libanesa que participó en el Coloquio Internacional por la liberación de los Cinco que anualmente se realiza en Holguín. Poco tiempo antes de partir, nos dedicó unas horas.

Los jóvenes se suman

Cuando en 1982 Israel invadió el Líbano, Mohamad Yassine tenía 14 años. Para luchar contra la ocupación israelí, el Partido Comunista del Líbano y otras organizaciones políticas fundaron la Resistencia Nacional Libanesa contra la ocupación.

«Como mis hermanos pertenecían al Partido Comunista y a la Resistencia, yo también adopté esa ideología. Me inscribí oficialmente en 1985», dice.

Según comenta Yassine, no podía imaginar que dos años después su vida cambiaría para siempre. Desde el principio las acciones de las organizaciones estaban encaminadas a obligar a Israel a retirarse de los territorios ocupados en el Líbano. Los desmanes de los sionistas hicieron que la juventud libanesa se incorporara a la resistencia para luchar contra el enemigo. Él estaba allí, formaba parte de esa masa de jóvenes que les plantó cara.

El 16 de septiembre de 1987, cuando conmemoraban un aniversario de la fundación de la Resistencia y para destacar la fecha, jóvenes libaneses emprendieron una acción militar contra Israel en los territorios ocupados en el sur del Líbano.

«Me encargaron atacar una base militar». Y Yassine, quien no deja de apretarse las manos, se adentra en los recuerdos del dolor.

«Hicimos la preparación necesaria y partimos. Antes de llegar al punto donde íbamos a hacer la operación, el más estratégico, el enemigo nos sorprende, porque estaba listo para enfrentar cualquier acción».

Un combate desigual

Regresa a ese día, a los disparos, a la confusión. Ellos solo eran un grupito de jóvenes.

«Una fuerza de comando de helicóptero aterrizó inmediatamente para dominar el lugar. Bajaron muchos soldados…», explica.

A pesar de la superioridad numérica del enemigo, resistieron. Siete horas y media duró el combate, cuenta Yassine. Israel sufrió cuatro bajas y cinco heridos. Su grupo se retiró, pero él resultó herido. Solo por eso los israelíes lo capturaron 13 horas después, cuando había perdido mucha sangre. Su estado era crítico, pero no por eso fue tratado con respeto, como prisionero de guerra, como ser humano.

Ciertamente ha contado su historia muchas veces, pero su recogimiento devela el esfuerzo que hace para continuar el relato.

«Lo primero fue media hora de tortura ininterrumpida. Se turnaban para torturarme. Después me llevaron a una base para un interrogatorio. Duró tres días y en ese tiempo no me atendieron las heridas. De hecho, las usaban como parte del juego para causarme más dolor», comenta.

A punto de morir y no por compasión, sino porque querían seguir su trabajo, se vieron obligados a llevarlo a un hospital. La infección lo devoraba. Le cosieron brutalmente las heridas de la cabeza, el hombro y la pierna. Después lo trasladaron a otra base para continuar el interrogatorio. Querían saber de las acciones de la Resistencia y toda la información posible para desmontarla de una vez, porque «los muchachitos» estaban causando estragos.

La peor tortura

«En aquel lugar comenzó el interrogatorio más difícil que yo haya visto. Era una tortura integral: física, moral y psicológica. No les importaba nada, solo obtener información valiosa sobre la Resistencia», y recuerda con una mueca cómo le llevaban fotos de su familia y lo amenazaban con matarlos a todos y destruir su hogar. No dijo nada.

Después de un tiempo, según Yassine, se monta una campaña internacional en apoyo a los prisioneros. Un grupo de abogados franceses tomó el caso y denunciaron las torturas dentro de las cárceles de Israel. Asimismo, fueron ellos quienes sacaron a la luz el hecho de que Israel había sacado a Yassine de su país, a pesar de que lo habían capturado luchando en territorio libanés. Hubo un juicio y fue condenado a 30 años de prisión.

«El juicio no fue legal», aclara y con cada palabra del ex prisionero es imposible evitar el recuerdo de Gerardo, Antonio, Fernando, René y Ramón.

«Israel no reconoce las leyes internacionales. Con apoyo de diferentes presidentes de Estados Unidos ha cubierto sus acciones terroristas e inhumanas. La campaña de los abogados franceses no rindió frutos para la causa del pueblo libanés, pero sí fue bueno para mí y mi familia», continúa.

«Durante los 17 años que pasé en las cárceles de Israel, me recompensaba que los familiares de los presos palestinos se preocupaban por mí. A través de ellos contactaba con mi familia, y aunque era muy difícil, también sabía de las campañas de solidaridad a nivel nacional o internacional. Eso me dio fuerzas», confiesa.

Sin embargo, Yassine tampoco confiaba en la justicia sionista. Sus sueños de libertad estaban relacionados con las acciones de la resistencia libanesa. Él esperaba que sus compañeros lograran una operación militar exitosa y que capturaran algunos soldados para intentar un canje.

«En 2000 los hombres de la Resistencia lograron capturar a tres soldados de Israel en territorio del Líbano ocupado, y a un oficial de la reserva», apunta. Entonces comenzaron cuatro años de negociaciones con el Ejército israelí, con Alemania como mediadora.

«Fui liberado junto con otros 23 compañeros, alrededor de diez luchadores árabes y 400 palestinos, el 29 de enero de 2004», y  se le ilumina el rostro.

Como si hubiera nacido

«Esa fecha fue como una fiesta nacional libanesa y para mí, como si hubiera nacido de nuevo», explica, y los recuerdos se transforman drásticamente y es más fácil volver a ellos.

En esta suerte de exorcismo él necesita volver a la génesis, a los principios que lo guiaron y lo mantuvieron con vida.

«A través del renacimiento de la libertad decidimos seguir el camino de la lucha, preservar y comprometernos con la sangre de los mártires que han caído luchando contra el Ejército israelí, y abrazar las causas de los prisioneros en las cárceles de Israel o en cualquier otra del imperio. Y la causa de los Cinco héroes cubanos es como si fuera nuestra», dice muy serio.

Recuerda luego cómo se incorporó al fuerte movimiento de solidaridad libanés.

Supo a través de Wafica Mehdi Ibrahim, coordinadora del Comité libanés de solidaridad con los Cinco,  y de otros compañeros, de la injusticia contra Gerardo Hernández, René González, Antonio Guerrero, Fernando González y Ramón Labañino. «Después de una serie de actividades decidimos fundar un Comité de solidaridad y hemos realizado diferentes actividades para contar la verdadera historia de los cubanos a nivel nacional y mediático».

Yassine expresa su admiración por todo el pueblo cubano y su Gobierno por haber adoptado la causa de los Cinco como prioridad. «Ellos no han sido abandonados, mientras que con otros presos en el mundo no ocurre lo mismo, y en sus países esta lucha no tiene tal magnitud.

«Es verdad que pasé muchos años en la cárcel, pero siento que es una parte del combate. Sé que ellos no pueden retroceder en los principios que los llevaron a enfrentar el terrorismo internacional aplicado por EE.UU. y sus aliados. Ellos nos enseñan más de lo que nosotros les podemos enseñar en el ámbito de la resistencia. Saben muy bien que si el prisionero pierde la esperanza, entonces ya puede morirse. No se puede perder la esperanza. El sol de la libertad tiene que salir y nosotros vamos a seguir la lucha», concluye.

La vida de Anwar Mohamad Yassine tiene un sentido. No se pueden borrar 17 años de prisión, ni 13, ni un minuto cuando se habla de injusticia. No se trata de olvidar, de suprimir de un plumazo los horrores vividos. Por la causa del pueblo libanés y el derecho de los cubanos a defender a los suyos, todo tiene sentido.

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