Lula y la esperanza

Veinticinco ciudades de nueve estados constituyen el trayecto de la llamada Caravana de la Esperanza, que el expresidente y líder del Partido de los Trabajadores protagoniza por el nordeste: la zona más pobre de Brasil

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Le ha afectado una gripe y ya debe acumular el cansancio de casi 15 días de rodar sobre carreteras o terraplenes y de un uso de la palabra para la gente de pueblo que no ha sido mero discurso. Pero Lula sigue.

Veinticinco ciudades de nueve estados constituyen el trayecto de la llamada Caravana de la Esperanza, que el expresidente y líder del Partido de los Trabajadores (PT) protagoniza por el nordeste: la zona más pobre de Brasil y donde él tiene mayor caudal de simpatías; en fin de cuentas, la tierra de donde salió.

Acompañado por otros miembros del PT, Lula había visitado hasta el martes siete estados (Bahía, Sergipe, Alagoas, Pernambuco, Paraíba, Rio Grande do Norte y Ceará) y le faltaban dos (Piauí y el Maranhão), los que deberá recorrer en una semana.

Foto: Brasil do fato

Pero el trayecto caminado ya permite sacar conclusiones. Al menos en esta región, donde está agrupada la segunda mayor cantidad de electores de Brasil, Lula cosecha inmensas simpatías.

Si hubiese que prescindir de las encuestas —que lo señalan como el candidato que obtendría la presidencia en primera vuelta, según algunos de esos estudios, si los comicios fueran hoy— y pudiese tomarse el periplo como balón de ensayo, el paso de Lula por el nordeste convencería de su liderazgo al más timorato.

No son solo sus contemporáneos o quienes pueden sacar cuenta de lo que significaron sus dos mandatos en la presidencia. Los jóvenes le piden fotografiarse y se lanzan por estrechones de mano y abrazos; ha recibido de varias universidades el título de Doctor Honoris Causa, y algunas localidades le han conferido la Llave de la Ciudad.

Para muchos se trata de una temprana campaña electoral con vistas a los comicios de 2018 cuando el deseo de impedir su presencia en esas elecciones, y aún más, el plan perverso de convertirlo en cadáver político, no permiten prever si podrá candidatearse. Nueve años y medio de prisión penden sobre su cabeza luego del proceso sin pruebas encabezado por el juez Sergio Moro que le acusó de corrupción, y mientras dura el curso de las apelaciones hay otras cinco causas esperando.

Lula podrá ser aspirante en 2018 o no, como por primera vez ha reconocido él mismo en uno de sus actos recientes. Pero su recorrido por el nordeste trasciende con creces los fines electoralistas.

Contra la privatizacion se pronuncian en Banabuiú durante la caravana de Lula por Brasil. Foto: Brasil do fato

El líder popular con más arraigo en Brasil aclara a los pobres las mentiras vertidas contra él, Dilma y el PT por los grandes medios al servicio de la oligarquía. Explica las falsedades del no Gobierno de Michel Temer y cómo está vendiendo el Estado. Habla de la necesidad de unión entre los de abajo cuando reitera: «Nosotros contra ellos».

Así va creando conciencia, y remueve las bases populares que es preciso movilizar y retomar al PT, en la búsqueda de una unión de la izquierda política y el movimiento popular anti-Temer que resultará imprescindible si se quiere revertir el desastre causado por el actual mandatario y detener la vuelta de tuerca neoliberal que, por su intermedio, los dueños del poder económico implementan.

Las mayorías brasileñas quieren de vuelta a Lula, aunque lo mejor sería su comprensión de por qué debe retornar… Él, o incluso otro candidato que defienda sus principios si al líder del PT, como acaba de reconocer tácitamente él mismo, le cerraran tal posibilidad mediante el ejercicio de una justicia politizada. Esa sería la mejor esperanza que dejaría abierta esta caravana.

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