Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Una lucha que sabremos librar hasta la victoria siempre

Intervención de Ricardo Alarcón de Quesada, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en la ceremonia de entrega del Premio Internacional Benito Juárez a los Cinco Héroes, en el Memorial José Martí, el 12 de septiembre de 2006

Autor:

Juventud Rebelde

Querido compañero Raúl.

Estimada Bertha Zapata Bela, presidenta del Comité Organizador del Premio Benito Juárez.

Juan Mari Bras, eminente luchador por la independencia de su Patria y hermano de siempre de la Revolución y del pueblo de Cuba.

Compañeros de la delegación portorriqueña a la Cumbre de los Países No Alineados que nos están acompañando también.

Compañero Miguel Bonasso.

«La situación con los Cinco es un escándalo tal, que es difícil hablar de ella», dijo Noam Chomsky hace ya tres años.

Es un desafío lo que se me plantea al decir algo sobre este caso —que un hombre que domina el lenguaje con tanta precisión, un hombre del talento de Chomsky, reconocía que de eso, por lo escandaloso, es difícil hablar—, pero hay que hacerlo, porque, como se ha señalado ya aquí en este acto, uno de los elementos principales que hacen más escandaloso ese caso es el silencio que trata de imponerse sobre él, que contrasta con el hecho de que cada día surgen nuevas y nuevas pruebas, que demuestran, más allá de cualquier duda, que lo que se leyó por Bertha, lo que afirmamos constantemente: que son héroes que fueron encarcelados injustamente, exclusivamente por oponerse al terrorismo y que además a lo largo de todo ese proceso fraudulento que se les impuso, fueron violadas una y otra vez, no solo las normas internacionales, los principios constitucionales sino hasta los procedimientos y las normas de trabajo de los tribunales norteamericanos.

Basta mirar un poco hacia atrás, a este fin de semana y al día de ayer. El pasado viernes se produjo un escándalo en la ciudad de Miami; antes, un honrado, valiente periodista cubano había denunciado, lo que todavía era oculto, que era el hecho de que una serie de autotitulados periodistas de esa ciudad, en realidad, son agentes asalariados del gobierno de los Estados Unidos. Y no de cualquier rama del gobierno, les paga, les ha pagado durante años el aparato de propaganda anticubana del gobierno de los Estados Unidos, que maneja decenas de millones de dólares cada año a través de la Junta de Transmisiones Radiales y Televisivas hacia Cuba, gracias a los cuales algunos de estos empleados han recibido miles de dólares en los últimos años.

Yo tengo por ahí —no lo traje hasta acá, no quiero asustar a nadie con muchos documentos en la mano—, ahí tengo un documento más grueso que este, que contiene los artículos publicados por uno de esos individuos sobre los Cinco, porque hay que decir que esa docena de agentes del Gobierno norteamericano disfrazados de periodistas, fueron el elemento principal en la campaña de los medios locales para convertir en una burda farsa todo ese proceso judicial.

La jueza, la propia jueza que los sentenció, en más de una oportunidad se quejó de esa avalancha de comentarios, de análisis que inundaron todos los medios de Miami, y ahora se sabe que esa avalancha era organizada por el gobierno de los Estados Unidos, que de esa campaña de distorsión, esa campaña mediática que sirvió para enrarecer la atmósfera, para conformar aquello que los tres magistrados dignos de Atlanta calificaron como la tormenta perfecta, uno de los elementos de esa tormenta era ese. Ese golpear sistemático, día a día, tratando de distorsionar la imagen de nuestros compañeros, tratando de presionar al jurado; pues da la casualidad que son ellos, precisamente ellos, los que recibiendo una mesada del gobierno de los Estados Unidos se dedicaron a contribuir a promover la histeria anticubana y además a presionar a los miembros del jurado.

Eso es lo que los abogados llaman una evidencia nueva, que ha surgido ahora, exactamente el viernes 8 de septiembre, que se agrega a la interminable lista de violaciones al debido proceso, como también les gusta decir a los abogados, cada una de las cuales era más que suficiente para anular todo el proceso impuesto contra los compañeros. Eso fue el viernes y ayer lunes, 11 de septiembre, a cinco años del abominable acto contra el pueblo de Nueva York y contra el pueblo norteamericano —que Cuba fue la primera en condenar, que repudiamos, que rechazamos, porque nosotros sí combatimos el terrorismo—, ayer por supuesto, el presidente Bush hizo varios discursos y los medios informativos norteamericanos han estado el día entero, día y noche hablando, recordando aquel hecho, algo que viene bien para las próximas elecciones: mover el tema del terror.

Ahora, ninguno habló de esto, que está fechado el 11 de septiembre del año 2006. Este documento —yo cargué con él hasta aquí porque se los quería mostrar— es la orden del magistrado disponiendo la liberación de Luis Posada Carriles el 11 de septiembre. No pudieron escoger otro día, el 11 de septiembre en Estados Unidos un magistrado escoge esa fecha y no otra, para emitir este documento, el cual vale la pena analizar. Entre otras cosas explica él, que el gobierno de los Estados Unidos hizo una serie de gestiones tratando de buscar que algún otro país acogiera y le diera refugio a Luis Posada Carriles. Están todos los datos, la carta, la comunicación del Departamento de Seguridad de la Patria está fechada el 17 de noviembre del año 2005 y se la enviaron a varios países; además de eso hicieron gestiones verbales con varios gobiernos, mencionan a siete: Canadá, Honduras, Costa Rica, Panamá, El Salvador, México y Guatemala, pero ninguno de esos gobiernos —según informa aquí el magistrado—, aceptaron darle documentos de viaje al señor Posada, entregarle pasaportes, documentos, identificación —puesto que él tiene un estatus legal bastante confuso— y admitirlo; pero el gobierno de Estados Unidos —según este documento oficial— lleva varios meses dedicado a tratar de buscarle a Posada Carriles un lugar donde pueda vivir tranquilamente y no lo ha conseguido, como no lo ha conseguido, es una de las razones que usa el magistrado para decidir su liberación.

¿Ustedes saben cuál es la otra razón? Lo dice varias veces, por ejemplo en la página 16: el Gobierno no presentó ningún documento, ninguna prueba, ningún testigo en la audiencia que tuvieron para determinar sobre eso. El gobierno de Estados Unidos podía haber hecho una gestión adicional para que el señor Posada no fuera liberado, alegando que estaba vinculado o se sospechaba que estaba vinculado con actividades terroristas pero —leo la página 21 del documento—: el Fiscal General nunca certificó que este señor fuera un terrorista o un peligro por sus antecedentes violentos.

En la página 22 el magistrado explica que hay otra posibilidad, por razones especiales, que también el Gobierno podía solicitar que se mantuviese en prisión una persona cuya deportación ha sido ordenada; pero el Gobierno nunca ha hecho gestión alguna para que se retenga al señor Posada, tomando en cuenta circunstancias especiales. No han hecho nada más que identificarlo como un inmigrante indocumentado, lo cual es un insulto a la nación mexicana y a la nación latinoamericana. Hay millones de trabajadores humildes que emigran o tratan de emigrar, miles que son capturados y expulsados sin contemplaciones a lo largo de la frontera. Muy cerca de donde está alojado el señor Posada, a unos metros de su cómodo alojamiento, por ahí salen todos los días miles de mexicanos, de centroamericanos expulsados sin posibilidad de hacer gestiones ante los tribunales, sin abogados, sin prensa que los defienda.

Es un insulto para ellos —en especial para los miles que no regresan porque pierden la vida en el desierto o porque son asesinados por los que allá en ese país se llaman tranquilamente cazadores de inmigrantes— comparar al señor Posada Carriles con un simple inmigrante, y es lo que dice el señor magistrado que ha hecho el gobierno de Estados Unidos. Según la Corte Suprema, un inmigrante ilegal que no puedan deportar no puede permanecer todo el tiempo en prisión, excepto que sea un terrorista, excepto que haya razones especiales, pero el Gobierno no las usó. Y no lo digo yo, lo dice este documento de un tribunal norteamericano.

Y tengo este otro documento que les quería mostrar. Este es el Convenio de Montreal sobre la supresión de los actos hostiles contra la aviación civil, de 1971, cuyo artículo 7 parece redactado para Bush y para Posada. Esta Convención se aprobó en 1971 con un sentido más universal y general, y se aprobó por insistencia de los pilotos de aviación, por insistencia de las empresas aéreas, que argumentaron en Naciones Unidas que los crímenes contra la aviación civil tenían una característica especial porque son demasiado inhumanos, no dan la menor posibilidad de sobrevivencia a quien sea víctima de un ataque como el que sufrieron nuestros compatriotas en Barbados el 6 de octubre de 1976. El artículo 7 de este Convenio dice que cuando en un país se encuentra a alguien que otro Estado esté acusando por estar involucrado en cualquier actividad contra la aviación civil, si el Estado donde se encuentra esta persona no lo extradita, entonces, y voy a citar textualmente, «estará obligado, sin excepción de ningún tipo, a juzgarlo él».

¿Dónde dice aquí que podrá buscar a ver si convence al gobierno de El Salvador a que esconda al acusado? ¿Dónde dice la Convención que podrá buscar un tercer camino? No. Sin excepción de ningún tipo, y ya lleva año y medio el señor Posada Carriles en Estados Unidos y Estados Unidos no ha dado ni un solo paso para responder a la solicitud de extradición de Venezuela, ni tampoco ha dado paso alguno para encausarlo como una persona que estaba siendo juzgada por un delito contra la aviación civil.

En otras palabras, este Convenio, a partir de hace algunos meses, es papel mojado. Estados Unidos está destruyendo varios de los convenios principales de la lucha contra el terrorismo, pero no esperen leer nada de esto en los grandes medios de comunicación norteamericanos.

¿Me van a decir a mí que no era noticia la decisión de poner en libertad a Luis Posada Carriles? No quiere decir que se haya ejecutado. Hay un margen de diez días para que el Gobierno, si quiere, recurra; me imagino que no lo haga, si hasta ahora no ha hecho nada, absolutamente nada para evitar que se diera ese resultado.

Pero también ayer, 11 de septiembre en Miami —otra casualidad, otro modo de conmemorar aquel horrendo y abominable acto contra el pueblo norteamericano—, fue el anuncio de que el gobierno de Estados Unidos, o sea la Fiscalía del Sur de la Florida, había llegado a un acuerdo con unos señores que habían sido detenidos, el señor Álvarez y el señor Mitat, después de ocuparles un enorme arsenal de armas y explosivos, para ser usados contra nuestro país, contra nuestro pueblo, contra nuestra patria. Ellos no se han ocultado para decirlo, lo repitieron, lo repitió ayer el señor Santiago Álvarez en una carta que envió a los medios miamenses.

Se pusieron de acuerdo y llegaron a una transacción, por la cual el Gobierno solo los va a acusar de un cargo: el tener esas armas, no su uso, no la finalidad, no las otras cosas que estaban derivadas de su posesión, sino por tener unas armas sin permiso, reconociendo que son patriotas, reconociendo que no era para hacerle daño a Estados Unidos, sino para hacerle daño a Cuba. Ellos aceptan que violaron la Ley en ese aspecto, y entonces les pondrán algunos meses de prisión, el máximo son 60, o sea, cinco años, pero ya tienen varios meses de detención; y por supuesto, los abogados defensores ya han explicado que están en conversaciones con la Fiscalía para reducirlo, hacerlo mucho menos grave, de manera que esos señores estarán en libertad completa, puede ser que en un año o dos. También por alguna extraña razón decidieron hacer eso público el 11 de septiembre del año 2006.

¿Cuál era la razón, la explicación, la justificación por la que nosotros decimos que nuestros compañeros no son culpables de nada, sino que son inocentes y más que inocentes, son héroes? Ellos están sacrificando sus vidas en la lucha contra el terrorismo, cumpliendo una misión sagrada de la Patria, que tiene la necesidad de defenderse y esa necesidad conduce al deber de defenderla y al derecho de hacerlo; pero ir a hacerlo sin armas, ir a hacerlo sin practicar la violencia, ir a hacerlo sin causarle daño a nadie y meterse en los peores ambientes de Miami, entre los peores terroristas, entre los peores asesinos, para tratar de conocer sus planes, para ayudar a nuestro pueblo a prevenirlos.

Eso no es un delito que merezca sanción, eso es una proeza que merece reconocimiento y homenaje, que los hace acreedores a la gratitud eterna de nuestro pueblo, pero no solo de los cubanos, sino de todos los pueblos del mundo; en definitiva contra todos ellos y en particular contra los de nuestra región en la medida en que los terroristas cuenten con el patrocinio oficial y en la medida en que se oculte la verdad que encierra este caso de los Cinco, se está poniendo también en peligro y afectando los derechos de otros.

Treinta años se cumplen pronto de la destrucción del avión cubano cerca de Barbados, pero el último año, se supieron cosas que antes no se sabían, como que el gobierno de Estados Unidos estaba enterado con anticipación de que iba a ocurrir tal cosa. Hay documentos que fueron desclasificados hace poco más de un año, informes del Departamento de Estado, informes de la CIA, informes del FBI, y en uno de ellos, se reporta —por ellos, no por nosotros— una reunión que tuvo lugar en Caracas, en septiembre de aquel año y allí el señor Orlando Bosch, parado delante de un micrófono y delante de un público —no sé cuántas personas habría, pero era un acto público—, alardeó «de lo bien que nos salió lo de Letelier», son más o menos sus palabras. Después de ese éxito —dijo: «Ahora vamos a hacer otra cosa bien sonada». Y según ese informe oficial norteamericano, en el siguiente párrafo dice: «Posada —que estaba allí— me dijo que esa acción muy sonada era destruir un avión cubano».

Son documentos de ellos, que prueban que ellos sabían que se planeaba atacar nuestro avión, sabían quiénes pensaban hacerlo, dónde estaban los que iban a hacer esa atrocidad y no hicieron absolutamente nada para impedirlo y lo que han estado haciendo, desde entonces hasta hoy, es todo lo que está a su alcance para impedir que se haga justicia, como lo prueba este documento.

Ellos no han dicho que Posada estaba encausado por eso, ni han dicho que ellos sabían que era uno de los autores de la destrucción del avión, no, sencillamente llegó sin visa. Llegó sin visa y lo quieren botar para otro país que esté dispuesto a recogerlo y están activamente buscando quién esté dispuesto a prestarse a esa maniobra. Otro informe de esos desclasificados da cuenta que antes, en al año 1975, en Santiago de Chile hubo una reunión entre gente de la DINA y unos señores que habían llegado de Miami, organizada por un señor que residía a la sazón allí y que responde al nombre de Orlando Bosch Ávila. Él los convocó, los reunió y dice ese informe norteamericano: «en la reunión se acordó asesinar a Letelier» (con todas las letras).

Más tarde, en septiembre, como ya les dije (invertí un poco la cronología), celebra lo bien que les quedó aquello. Orlando Bosch Ávila vive hoy en Miami, y nadie ha ido a molestarlo a su casa a pesar de que el gobierno de Estados Unidos tiene hace 30 años informaciones de sus propios agentes que indican que ese señor participó en un acto violento, nada más y nada menos en la capital de Estados Unidos, a plena luz del día, que le costó al vida no solo a un insigne hermano latinoamericano como era Orlando Letelier, sino también a una joven norteamericana, Ronnie Moffit quien quedó despedazada de ese bombazo, pero nadie ha ido a preguntarle a Bosch, nadie ha ido a molestarlo.

Otro de los documentos desclasificados explica la estructura y organización del CORU. Aquel año también se produjeron muchos otros incidentes, muchos otros actos terroristas. Uno de ellos infame, indigno, fue el asesinato de Santiago Mari Pesquera, hijo de nuestro compañero Juan Mari Bras. Le mataron al hijo para matarlo a él, para golpearlo a él también, en un momento que el movimiento independentista estaba en uno de sus períodos de más auge liderados por él, por Juan Mari Bras. ¿Dónde están los autores de ese asesinato? ¿Cuándo fueron procesados? ¿Dónde están los que asesinaron unos años después a un joven cubano-boricua llamado Carlos Muñiz Varela? Yo me acuerdo muy bien, yo estaba en Nueva York entonces, cuando el asesinato de Carlitos, ellos reconocieron que había sido el CORU, lo mató el CORU, pero nadie sabe qué cosa es el CORU. No, ellos sí sabían qué cosa era el CORU, en uno de esos documentos está todo el diagrama, la organización, quiénes dirigían ese grupo en Puerto Rico, quiénes han tenido las pistas para encontrar a los asesinos de nuestro compatriota Carlos y a los que mataron a tu hijo, Juan. Pero como de eso no hablan los grandes medios, como eso no se le permite conocerlo al pueblo norteamericano, la impunidad y la complicidad con el crimen siguen prevaleciendo, aunque no para siempre.

Es muy difícil hablar de un caso tan escandaloso, como decía Chomsky, pero tenemos que hablar todos los días y multiplicarnos en ese esfuerzo. Por eso esta jornada internacional de solidaridad, por eso en muchas partes del mundo muchos compañeros, muchos amigos, muchas personalidades están tratando de promover la solidaridad con nuestros Cinco compañeros y la denuncia al terrorismo promovido por Estados Unidos.

Nuestros compañeros que sufren condiciones carcelarias particularmente difíciles porque se les niega además, en el caso de dos de ellos, hasta el derecho más elemental, que es el ser visitado por sus esposas. Y a todos, las tremendas dificultades que implica que la familia requiera un permiso norteamericano para llegar hasta allá. Luchar por la libertad de ellos y promover la solidaridad con ellos, por supuesto, para los cubanos no quiere decir que no coloquemos también en su justo lugar, junto a ella, la solidaridad con todos los presos políticos de Estados Unidos. En primer lugar, con nuestros hermanos portorriqueños, que hay unos cuantos de los que poco se habla, pero que también guardan prisión por el delito de luchar por la independencia de su patria; y es también luchar por la libertad y por los derechos de Mumia Abu Jamal y de tantos afro-norteamericanos que han ido a prisión por luchar contra el racismo, por luchar por los derechos de su pueblo y que en las prisiones son especialmente discriminados y maltratados.

Empecé hablando de este fin de semana, si saltamos al fin de semana anterior, podemos encontrar en el sitio de la Casa Blanca, un documento, con esos rimbombantes nombres que ellos usan: Estrategia Nacional de Lucha contra el Terrorismo, párrafo 15. Este documento me imagino que por lo menos lo haya leído el señor Bush, puesto que sale con su firma.

Párrafo 15: «Todo Estado que acoja, ampare o dé protección a un terrorista, es tan culpable como el terrorista mismo y tiene que rendir cuenta sobre ello». Posiblemente, no nos resulte fácil encontrar otros momentos de coincidencia con ese pensador profundo, agudo, que es George W. Bush, pero en eso estamos de acuerdo: sí es verdad, los Bush son tan culpables como Posada, tan culpables como Bosch, tan culpables como esos asesinos que en aquellos años 70, no solo sembraron la muerte por acá, Miguel Bonasso, sino también por tus tierras, responsables de los miles de torturados, de desaparecidos. Eran los mismos, hasta usaban los mismos símbolos muchas veces, ¿no se hacía llamar Cóndor Bosch, en algunos de sus momentos de megalomanía terrorista? Él también fue el cóndor, para él era un gran orgullo ser el cóndor y ser parte de la operación Cóndor y estar asociada a ella.

Nuestros cinco compañeros nos están mostrando, además, el camino de consistencia, de no dejarse amedrentar o aflojar por las dificultades. Ustedes vieron todas las reacciones de ellos cinco cuando se enteraron, aislados en la prisión, de la infame decisión del Tribunal de Atlanta de este último 9 de agosto.

¿Qué les dijeron a ustedes, a las madres, a las esposas? En algunos casos ellos se enteraron por ustedes, en otros casos se habían enterado antes. Todos lo ven como un momento de una batalla que hay que continuar, que no los amilana, que no los debilita. Seguirán enviando mensajes, seguirán comunicándose con los solidarios que les escriben, seguirán esforzándose porque la lucha por su liberación continúe, campaña de liberación de los Cinco que ha tenido siempre como motor principal, como guía principal y como ejemplo principal a Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René. Todos los demás, juntos, no podemos sentirnos satisfechos con lo que hayamos hecho comparado con lo que cualquiera de ellos, en la soledad de su celda, en las condiciones más hostiles, ha hecho por esa batalla, que ellos no la ven solo como el momento de la recuperación de su libertad y el momento de regresar a su Patria, a sus familias, lo ven, como patriotas y como revolucionarios consecuentes que son, como parte de la lucha de todos los pueblos por su emancipación.

Por eso es que estoy seguro que ellos van a recibir este Premio que les han entregado a sus familiares, con la certeza de que es parte de esta batalla, con gratitud, con reconocimiento para los organizadores que han dado un aporte sustancial a esta campaña con esta decisión de venir acá a entregarles la medalla Benito Juárez a nuestros compañeros.

Como cubano tengo que decir que es imposible pensar en Juárez y ver este mensaje de solidaridad que nos viene en su nombre, sin recordar que Benito Juárez estará siempre asociado en lo más entrañable a la solidaridad entre nuestros dos pueblos, el de México y el de Cuba. Cuando este país iniciaba su lucha por la independencia, cuando no teníamos aliados, ni amigos, cuando no podíamos contar con nadie, sí pudimos contar con el presidente Juárez; y está registrado para siempre en palabras del Padre de la Patria: «Usted sí puede comprendernos, usted sí nos entiende, con usted sí puedo contar».

Hermanas y hermanos mexicanos, gracias por esta expresión de solidaridad. Estoy seguro que cada uno de los Cinco, si les preguntáramos, no solo les darían las gracias a ustedes, sino que les dirían que ustedes también pueden contar con Gerardo, con Ramón, con Antonio, con Fernando y con René, en una lucha que sabremos librar hasta la victoria siempre.

Muchas gracias.

(Aplausos)

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