Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Para 2023, hace falta que…

Autor:

JAPE

Comienza el 2023, el 23er. año del siglo XXI. Recuerdo cuántas preguntas nos hacíamos al despedir, a la misma hora, en el mismo segundo, la última centuria del segundo milenio, o sea, el siglo XX.

Hace más de 20 años recibíamos a un prometedor siglo XXI, de un incontenible desarrollo técnico, en el que la ciencia ficción tendría que inventarse nuevas historias porque el hombre había hecho realidad muchas de las fantásticas utopías de las que reconocidos directores fílmicos hicieran inolvidables clásicos.

En los últimos tres abriles otra ha sido la realidad. La humanidad ha tenido que reinventarse a sí misma, cuando ya pensábamos que viajábamos hacia ese futuro soñado en confortables alfombras mágicas y que todo se resolvería, al estilo de Aladino, con solo frotar la lámpara.

Lamentablemente no fue así. Hoy amanecemos bajo un cielo de incertidumbres. Religiosos o no, todos hacen su acto de fe y piden según sus deseos o intereses... y digo intereses porque no faltará quien pida que todo siga igual, para seguir haciendo dinero a costa de la necesidad de muchos. Por suerte son los menos.

Lo sé de primera mano: las personas de bien prevalecen y la buena energía se revierte en diversas formas de anhelar el futuro cercano. Entre el humor y el deseo de una mejor vida, el pueblo comenta e implora por el regreso del amor.

Hay quienes apuestan por el retorno de la carne de puerco como el posible suceso que traerá bienestar alimenticio. Estos pueden nombrarse como los «cerdos monárquicos», donde, por supuesto, desaparece el Rey León como principal ente en la escala animal.

Otros alegan que sería saludable volver a revisar la conformación social de comienzos de la civilización, incluyendo la estructura precolombina en América, donde el brujo se encargaba de alejar las pandemias, los fenómenos meteorológicos de destrucción y llamar la esperada lluvia… acciones que en numerosas ocasiones conseguían, según los códices de la época. Esta corriente puede ser nombrada la TMANS: Asociación Nigromántica por un Mañana Sin Susto, según sus siglas en inglés.

Un grupo de adultos mayores, encabezados por una nonagenaria vecina reconocida por sus acciones altruistas y su lucha por los derechos de las personas de la tercera edad, enarbola un estandarte en el que aseguran que ¡un mundo sin colas es posible!, y aclaran que no tienen nada en contra de los cometas.

Su movimiento vanguardista encara con valentía las injusticias que coleros y redes de la mafia marginal, apoyados por agentes internos y externos de la seguridad y los establecimientos comerciales, ejercen contra las masas, en particular nuestro pueblo envejecido, que va por más… O sea, que cada vez seremos más viejos.

Yo apoyo todas las corrientes posibles, siempre que vayan a favor de un planeta mejor. Y me preocupa, porque a nivel mundial el odio ha tomado un protagonismo inconmensurable. El amor y la paz cada vez son más escasos, y lo que más me inquieta, volviendo al planteamiento inicial, es que el filme de ciencia ficción más reciente, Avatar, el camino del agua (la más grande superproducción fílmica de todos los tiempos, dirigida por el extraclase James Cameron), muestra un futuro en el que todas las especies del universo siguen luchando por una escurridiza paz...

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