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¿Vestimos los cubanos acorde a la moda?

¿Cómo vestimos los cubanos? ¿Tenemos estilo propio o preferimos copiar de otros? ¿Estamos influenciados por la moda foránea o preferimos consumir lo nacional? El reconocido diseñador cubano Mario Freixas nos invita a desandar esas pasarelas

Autor:

Aymara Massiel Matos Gil

Numerosas colecciones, servicios de asesoría en diferentes programas de la radio y la televisión, presencia en importantes eventos internacionales, y servicios de diseño integral de imagen y vestuario de importantes espectáculos y artistas como Rosita Fornés, Ivette Cepeda o la Compañía Lizt Alfonso avalan la trayectoria de Mario Freixas en sus más de 20 años de entrega a la profesión.

Quienes conversan con él perciben al instante su pasión por la moda y su entrega (casi enfermiza) al trabajo; es gracias a ello que este profesional de formación autodidacta puede presumir de ser uno de los diseñadores más prestigiosos y populares de Cuba. Hasta su espacio de trabajo llegamos para conocer sus valoraciones sobre ese fenómeno social llamado moda y su impacto en la Mayor de las Antillas.

—¿Qué es la moda para Mario Freixas?

—Es un hecho cambiante, que tiene vigencia durante un período de tiempo determinado, pero que a la vez es cíclica, siempre regresa. La industria de la moda está en desarrollo constante y el hecho de que se empleen nuevos materiales y texturas, hace que los diseños varíen, e incluso mejoren. Aunque veamos tendencias, se repiten a lo largo de décadas, se van reciclando y siempre traen aires frescos y contemporáneos, gracias también al pensamiento renovado de los creadores.

—¿Podría decirse que existe una moda cubana?

—Ese es un tema polémico. Yo tengo colegas que dicen que sí y otros que no, yo soy parte de este último grupo. Creo que hay una forma de hacer la moda en Cuba. En el pasado sí tuvimos el nacimiento de una moda cubana, respaldada por varias industrias de diseño y de confecciones, empezamos a dar pasos en el mundo, fundamentalmente en el campo socialista, pero justamente su caída trajo como consecuencia para nosotros la depresión de estas industrias a nivel nacional.

«Actualmente se confeccionan muy pocas prendas, se importan muchas piezas de vestuario, no siempre con el mejor gusto, y los diseñadores independientes tratamos de hacer hasta donde podemos, a través del Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC) y de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA), pero nunca es suficiente, es a pequeña escala.

«Un país, para establecer una moda, necesita de una industria que fabrique diseños a nivel nacional, que reproduzca la obra y las tendencias de los creadores del país, y en estos momentos no la tenemos».

—¿Cómo valora la existencia de espacios para que los diseñadores independientes exhiban su trabajo?

—Antiguamente había muchos eventos donde participaba tanto la industria nacional como los diseñadores independientes para exhibir la creación de diseño, pero hoy por hoy se han reducido muchísimo. Existen algunos intentos en otras provincias y está la Feria Internacional de la Moda, los Ambientes y los Estilos (Fimae), que después de varios años sin estar, nuevamente ha recobrado vida; o la Semana de la Moda en La Habana, por citar algunos ejemplos, pero no son suficientes. Los creadores necesitamos muchos espacios y encuentros justamente para revitalizar una moda nacional, para poder mostrar lo que hacemos, y de alguna manera tratar de llevarlo a una mayor escala de producción. Esto es imprescindible para que el producto pueda llegar a la gente.

«Durante mucho tiempo nosotros nos dedicamos al diseño de vestuario para los espectáculos y en el 2002 dimos un giro completo a nuestro trabajo, comenzamos a hacer ropa prêt-à-porter (lista para usar), pensamos en el cubano común, en el estudiante, en el obrero…, y hacia ahí nos enfocamos.

«A través del Fondo Cubano de Bienes Culturales y también de la cadena de tiendas Caracol, empezamos a comercializar nuestras confecciones. Poco a poco fuimos incrementando las ventas, nuestro producto se empezó a consumir.

«Me llena de orgullo ir por la calle y reconocer mis piezas, para mí es importante que las personas usen esos diseños, y lo que nos interesa es justamente ese intercambio. Pienso que hemos ido dando pasos justamente por pensar en ellas, por adaptar la moda al clima, a las condiciones sociales.

«Para nosotros es muy importante estar junto a la gente, pensar en qué es lo que puede necesitar, es por eso que en nuestra sede todo el que llega va a encontrar un trato afable, esa es la primera intención. Nos gusta que cuando atraviesen las puertas se sientan bien y tratamos de complacerlos, de que encuentren lo que necesitan.

«No logramos satisfacer las necesidades de todos los que nos visitan, no es posible porque no contamos con una industria, tenemos un pequeño colectivo de creación rectorado por el FCBC, pero hacemos nuestros mejores esfuerzos; y no solo le damos servicios a la población, también trabajamos con algunas empresas, hacemos algunos uniformes, ofrecemos servicios de imagen, y todo eso hace que las ofertas de Colecciones Freixas sean un poco más amplias.

—¿Cómo se prepara una colección?

—Yo trabajo a partir de los materiales, pienso en un concepto a desarrollar y a partir de ahí empiezo a acopiarlos. Tenemos como referencia al público, por ejemplo, cuando están las graduaciones, vienen tanto muchachos como muchachas tratando de buscar ropa de vestir y entonces adecuamos los colores que se están llevando con los que encontramos en el mercado.

—Desde su percepción, ¿cree que los jóvenes prefieren usar ropa de producción nacional o internacional?

—Entre los jóvenes prolifera principalmente lo foráneo, y no solo en este sector, sino entre la población en general. La gente busca lo que viene de fuera del país, y no creo que sea solo por un problema de precios. Sencillamente, lo veo como un fenómeno cultural. A ello se agrega que muchas veces esa ropa tiene materiales que nosotros no podemos adquirir para nuestras confecciones, ya que, generalmente, no tenemos acceso a un mercado mayorista de materias primas.

«La gente quiere seguir la moda, tanto la que es tendencia, como la que imponen los mercados subterráneos, porque para nadie es un secreto que hay una invasión grande de esos artículos que se importan desde otros países en grandes cantidades, y el hecho de que un grupo de personas las porten marca moda también, a nivel local.

«Las prendas nacionales y las internacionales no pueden competir, no sería una competencia justa. Eso se evidencia, por ejemplo, en la Feria Internacional de Artesanía (Fiart): los precios que traen los expositores extranjeros son muy atractivos, incluso más que los nuestros, por lo general sus productos tienen una impronta artesanal, pero se realizan  de manera industrial».

—¿Existe competitividad entre diseñadores?

—Siempre hay competencia, pero eso se puede ver desde muchos puntos de vista: puede ser una competencia sana, diáfana, o una rivalidad. En lo particular creo que en la competitividad está el ser mejor, porque tú puedes competir hasta contigo mismo, yo soy una persona que tiene eso por meta, superarme cada vez más.

—¿Para vestir bien hay que estar a la moda?

—Para vestir bien hay que estar, justamente, adecuado para la hora y el lugar donde te encuentres, no necesariamente tienes que llevar la última tendencia, ni ropa de marca. Se puede vestir bien con ropa humilde, lo importante es saber qué llevar en cada momento del día y según las actividades que vayas a realizar.

—¿Qué es tener estilo?

—Para mí es tener una forma de vestir, identificarte con un patrón; casi todos tenemos un estilo propio, que puede ser conservador, moderno o muy moderno. La ropa tiene un lenguaje, por eso yo insisto mucho en que hay que conocerse, porque la forma en que te vistes dice mucho de ti.

—¿Algunos consejos para quienes nos leen?

—Yo siempre les digo a las personas que tienen que mirarse al espejo y valorarse, tratar de adecuar la moda al físico que tienen, a las condiciones del clima, usar ropa cómoda, tejidos que transpiren…

«En un armario de una mujer, de ser posible, no debería faltar un vestido base negro, ni un pantalón ni una falda, puede ser en blanco también, eso es una prenda básica de muchas combinaciones, lo mismo en un hombre, incluyendo camisas, por supuesto, y algún saco o bléiser.

—¿Es Mario Freixas un hombre a la moda?

—Sí, porque me visto moderno, siempre tratando de adecuarme a lo que me queda bien, trato de pensar en mi edad, en mi físico, pero me gusta estar a la moda.

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