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El alma joven de una madre centenaria

Fundada por Julio Antonio Mella en noviembre de 1922, la revista Alma Mater cumple cien años de existencia con el desafío permanente de ser la voz de los universitarios cubanos

Autor:

Lourdes Benítez Cereijo

Era 1922 y transcurría el onceno mes del año. A los universitarios cubanos les nacía una voz cuando, en un editorial sin firma y bajo el título Nuestro Credo, el líder estudiantil Julio Antonio Mella compartía los preceptos fundacionales de Alma Mater (AM), revista cuya primera portada contenía la caricatura de una joven en ropa de playa y pose desenfadada, encarando al lector sombrero en mano y cabello suelto. Cien años han pasado desde que viera la luz aquel número. Cien años no de soledad, sino de acompañamiento. Un siglo de luces y también sombras; cien noviembres de historia.

«Nosotros laboraremos con energía y entusiasmo por todo lo que es beneficioso a la clase estudiantil cubana (…). Por medio de este órgano los estudiantes cubanos se comunicarán espiritualmente con todos sus compañeros que hablan el idioma de Cervantes en ambos hemisferios, y divulgaremos así la cultura, el valer de la juventud intelectual cubana.  Y esto, es obra beneficiosa a la patria.  Por ella laboramos, para ella nacimos», podía leerse en la naciente publicación.

Pero, ¿qué es AM hoy? ¿Cuán cerca está de su público? ¿Cuáles son sus desafíos? Sobre esas y otras interrogantes dialogamos con su director y parte del colectivo.

A Santiago Jerez Mustelier le tocó asumir el reto de conducir una revista que es un símbolo y luz, desde su espíritu contestatario, problematizador, polémico. Asegura el joven periodista que estar al frente de la publicación perteneciente a la Casa Editora Abril es, quizá, su desafío profesional más grande: «Estoy consciente que dirijo la revista de Mella; y es deber continuar su hermosa obra. Tenemos muchos retos por delante, entre ellos, estar más cerca de nuestra razón de ser: los estudiantes universitarios.

«Nos toca contar la Universidad de ahora, con sus complejidades, carencias, consumos culturales, con la diversidad que la compone. Y para ello debemos dar voz a los estudiantes, escuchar sus preocupaciones, comunicar en su mismo lenguaje. También tenemos que comprender que existen gamas diversas dentro del estamento estudiantil.

«Pretender abarcarlas todas es difícil. Lo que sí debemos es tener el oído más activo a las demandas del estudiantado, a las urgencias de hoy. AM puede y debe hacer una radiografía del país que vivimos y queremos, desde la mirada crítica y profunda de la comunidad universitaria».

Para no pocos AM es un medio que se ha subestimado, y en ese sentido Jerez Mustelier refiere que «nos sigue pasando que cuando hacemos un trabajo crítico algún funcionario nos dice que no era necesario hablar de eso. Todavía nos pasa que nos obvian de coberturas importantes, que nos quieren enclaustrar solo al tratamiento de determinados temas del ámbito estudiantil.

«AM nunca ha sido una revista para ceñirse solo a lo que pasa dentro del techo académico. Su aspiración, desde la época de Mella, siempre ha sido mayor: aportar a la transformación de la sociedad, y a la luz de hoy, diríamos que también aportar en la construcción y regeneración del consenso».

Si bien es cierto que las intermitencias en la impresión de la revista han ocasionado que varias generaciones egresen de la universidad sin haberse sumergido en sus páginas, el colectivo labora incansablemente por conformar una agenda temática atractiva, con los temas que preocupan a los universitarios, a tono con la Cuba de hoy.

«Sería una utopía pretender abarcar todo lo que interese a este segmento poblacional o querer ser su reflejo. Porque incluso nos falta un mayor nivel de representatividad. No solo hablo de provincias, me refiero igualmente a modalidades de estudio. Son modos distintos de vivir la universidad, pero forman parte de ella. También hay poca representación de los alumnos de Ciencias Médicas, con rutinas de formación peculiares y características distintas al resto de las disciplinas.

«Construir la agenda desde el hábitat de una casa editora y no desde una universidad, que sería lo ideal, puede llevarnos a incurrir en el error de que sabemos qué necesitan nuestros públicos. También asumimos que todos los universitarios son como los capitalinos. Diseñar una agenda coherente con el rol periodístico de AM será siempre un desafío, pero no podemos detener la búsqueda, tenemos que mantenernos insatisfechos, inquietos», afirma el Director, quien asume su labor como un proceso de continuo aprendizaje.

Una revista también digital

El diálogo en el ámbito digital ganó en fuerza, sobre todo durante el período más cruento de la pandemia, y esas circunstancias agregaron nuevas formas de interactuar, de presentar los contenidos y comunicar con otros lenguajes. Para Santiago hay una tendencia en el ecosistema mediático de hablar todos en el mismo tono, con la misma intensidad. En medio de esas condiciones, AM apuesta por un periodismo con matices, con diversidad de voces, con una comunicación sin privilegios. Pero, esencialmente, con una voz propia.

Las plataformas de socialización digital son vitales para recolocar la revista en el debate público dentro de las casas de altos estudios, pero necesitamos que se estabilice la impresión, que los números lleguen a las brigadas de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), que los dirigentes se interesen por consumirla y asumirla como un escenario para el diálogo y la contraposición de ideas, que la socialicen con sus compañeros. «Nosotros también necesitamos estar más tiempo en las universidades y menos tiempo en una redacción», sentencia.

AM, la revista joven más antigua de Cuba, atesora en su centenaria vida buena parte de la historia de nuestro país, de los sueños de los jóvenes y del decursar de la Educación Superior.

«Tiene el privilegio de contar la tradición de lucha de los estudiantes universitarios desde la propia fundación de la FEU. Alberga también lo más avanzado del pensamiento intelectual de la Isla, es una fuente cultural de gran importancia y su diseño gráfico posee un valor admirable por la manera única en que ha logrado retratar la Universidad y la nación.

«Lamentablemente no contamos con un archivo propio de valor histórico y patrimonial. Los ejemplares que existen en instituciones dedicadas a resguardar documentos están en un nivel de deterioro que impide consultarlos. Estamos trabajando en un libro que sea continuidad del de Nelio Contreras (Alma Mater, la revista de Mella), único volumen que se dedica a las etapas históricas que ha tenido la publicación», subraya Jerez Mustelier.

El peso de un siglo

Como Jefe de Redacción de AM se desempeña Yunier Sarmientos Semanat; quien considera que, al cabo de cien años, es común creer en transformaciones o desviaciones. «En nuestro caso, a pesar de los vaivenes de sus equipos editoriales, se ha intentado preservar intactos los ideales fundacionales: luchar contra las injusticias, lo mismo en los predios universitarios como fuera de estos y, en ese esfuerzo, convertirse en la genuina voz del estudiantado cubano. Hoy lo seguimos haciendo, pensando que la Universidad cubana no es una isla, y que desde las aulas también se debe observar, pensar y transformar la realidad. 

«Las complejidades para la impresión de sus números en formato papel, el acceso cada vez mayor de los cubanos a las redes sociales, la pandemia de la Covid-19 y las necesidades informativas que ese letargo generó, trajeron consigo el crecimiento de una audiencia volcada al entorno digital, a ello también contribuyó, sin dudas, la experticia del equipo de trabajo. Hoy intentamos mantener el mismo ritmo, y en paralelo estudiamos aquellos espacios donde también debemos crecer. Hasta ahora es la innovación lo que nos ha servido para imponernos en el ecosistema mediático cubano. 

«La revista se ha caracterizado por hacer un periodismo contestatario, que ha de llegar siempre a las esencias de los problemas para no caer en superficialidades engañosas. Por ese estilo asumido, por la voluntad palpable de contar la verdad, el día a día, las luces y las sombras de la sociedad, por hacerlo con sus códigos y en las plataformas donde a diario se tejen las más diversas historias, es que AM lucha por desterrar los triunfalismos y se preocupa por crear su propia narrativa de los sucesos de la cotidianidad, para seguir calando hondo en el corazón de un público que ya no es solo el que está en las aulas». 

Por su parte, para el periodista Rodolfo Romero Reyes, quien tiene a su cargo la sección ¿Quién le pone el cascabel al látigo?, AM ha significado crecimiento profesional desde que llegara a ella, hace 16 años, cuando cursaba el segundo año de la carrera.

«Creo que mantener una revista viva durante un siglo es una epopeya, un acto que habla mucho de la magia y la entrega de sus fundadores. Da cuenta del espíritu que le impregnaron Mella y el colectivo de jóvenes que participaron en los primeros ocho números, de noviembre de 1922 a junio de 1923.

«Para cualquier publicación llegar a cien años es un sueño y por supuesto que entraña desafíos como mantener la calidad del periodismo y la fuerza que alcanzamos en los últimos dos, tres años en el escenario digital, pero sin renunciar al impreso, o a otros productos como libros, asociados a la revista. Pertenecemos a una editorial y tenemos en los archivos un caudal muy valioso desde el punto de vista histórico, político, cultural y periodístico, que debemos poner a disposición de la gente de la Universidad para seguir produciendo, seguir reinventándonos con el tiempo y regenerarnos desde la juventud.

«Ser una auténtica voz de los universitarios cubanos es difícil, en tanto no existe una sola voz en esa comunidad poseedora de tan amplias aristas de pensamiento. Hay cuestiones que preocupan a nuestro público y que no abordamos con suficiente profundidad, como puede ser el fenómeno migratorio que está afectando hoy a una población en edad universitaria o recién egresada; las dificultades de los estudios, por ejemplo, el Plan E, que necesita una visión más crítica; los temas raciales, cuestiones de género… Nos toca estar a la vanguardia de esos debates».

De las complejidades también nos habló el joven redactor, no por afán de ser reiterativos con los obstáculos, sino porque son precisamente esas dificultades las que ponen freno al sueño de tener una revista más parecida y conectada a sus lectores.

«Es cierto que hay estudiantes que no conocen AM, y ahí radican algunas de nuestras insatisfacciones. Como medio de prensa pasamos bastante trabajo. Hemos tenido que sobrevivir a no tener un transporte adecuado para al menos salir a provincias más cercanas como Pinar del Río, Artemisa, Villa Clara y hacer trabajo de campo. La situación económica del país nos ha afectado mucho. No obstante, desde inicios de 2020, cuando se creó un nuevo equipo, con un colectivo maravilloso de recién graduados algunos y otros estudiantes de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, con un dominio muy fuerte de lo que era el periodismo hipermedia, del trabajo en redes sociales; y se volcaron las rutinas productivas de la revista a convertirnos en una redacción digital más que un medio impreso para poder salir adelante, logramos que el alcance se multiplicara. Y si bien crecimos en número de lectores, no siempre estos fueron de la comunidad universitaria. Nos falta por crecer ahí y posicionarnos mejor, pero necesitamos aliados y requiere de una voluntad por parte de las diferentes organizaciones y entidades que tienen que ver con la revista».

El abrazo

Alma Mater deriva de la frase en latín Alma Mater Studiorum, que significa madre nutricia de los estudios. Y la revista ha sido, más que un medio de comunicación, una casa, una familia, pero sobre todo una madre en cuyo regazo se han cobijado y crecido periodistas de amplia trayectoria y también aquellos que se inician en los avatares de la profesión y de la carrera. Todos han encontrado espacio.

Tal es el caso de Daniela Ortega Alberto, quien se graduó de Periodismo en diciembre pasado y desde sus días de estudiante colaboraba con AM en la sección Destinatario Zona Roja.

«El equipo editorial anterior me dio la posibilidad de empezar a escribir durante la etapa de la Covid-19, sobre todo lo que estaba pasando en los centros de aislamiento de la provincia de Matanzas, y eso hizo que renacieran en mí las ganas de ser periodista, que estaban apagadas por distintas razones. Por eso la revista es para mí un hogar, es oportunidad. A ella le agradezco muchísimo porque sé que es el lugar donde siempre podré crear y hacer periodismo».

Para ella es fundamental estar conscientes de que, de la misma manera que no se puede subestimar la importancia de la universidad, tampoco se puede desestimar el rol vital de una publicación como AM. Es en los centros de educación superior donde surgen los profesionales del futuro, las ideas más renovadoras, las más vanguardistas maneras de hacer. Es allí donde palpita el futuro, el porvenir. Entonces en AM se habla de la Cuba que se forja en las aulas y fuera de ellas; del país que tenemos, el que queremos y, sobre todo, del que soñamos.

Será por esa misma razón que Santiago Jerez, al frente de un grupo lleno de deseos de hacer más y mejor, recalca continuamente el valor de mantener el legado de Mella, y que su ejemplo siga siendo brújula, guía y alma en pos de fomentar una revista conectada a la realidad popular.

«Mella concibió la revista como una guerrera, como un arma poderosa para levantar las banderas de la reforma universitaria. Salvando las distancias, en este siglo tiene que seguir siendo una guerrera: contra la burocracia, las injusticias, la polarización, contra todo lo que atente contra la belleza y la mística de este país. Hay que asumir a AM como una revista necesaria. Mantenerla viva es un imperativo. Nos toca rescatarla siempre de cualquier golpe de un funcionario, de una mala decisión. AM tiene que aportar al tejido social de Cuba».

 

El legado de Lord MacPartland

 

Con su aparición en noviembre de 1922 Alma Mater fue tribuna para los universitarios y voz de la FEU, desde su surgimiento. Sus páginas también se convirtieron en escenario de la reforma que sacudió durante la década del 20 del pasado siglo a la Universidad de La Habana, entonces la única casa de altos estudios del país.

Sus titulares y textos son testimonio de la lucha del movimiento estudiantil y del pueblo cubano hasta 1959, contada por protagonistas de esa historia. Intelectuales, periodistas, estudiantes y profesores universitarios contribuyeron a forjar su estirpe: Julio Antonio Mella bajo el seudónimo de Lord MacPartland, Pablo de la Torriente, Rafael Trejo, Rafael García Bárcenas, Manuel Bisbé, Nicolás Guillén, Mario Kuchilán, Juan Marinello, Raúl Roa, Enrique de la Osa, Abel Prieto, Senel Paz, Eduardo Heras León, por solo mencionar algunos.

Según el periodista e historiador Nelio Contreras, en su libro Alma Mater, la revista de Mella, la vida republicana de la publicación puede dividirse en tres etapas: el primer período va desde noviembre de 1922 hasta junio de 1923, en el cual se editaron de manera consecutiva ocho números; el segundo de 1928 a 1934; y el tercero de 1952 a 1958, los cuales permiten revisitar una parte de la historia nacional desde la mirada de la juventud universitaria.

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