Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

¿Qué prefiere: sangre «verdadera» o sintética?

The Southern Vampire Mysteries (Los misterios de los vampiros del sur), una colección de libros escritos por Charlaine Harris que inspiraron a Alan Ball para crear True Blood

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Me hizo recordar esa genialidad nacida de la fértil imaginación de los hermanos Juan y Ernesto Padrón, la simpatiquísima y cubanísima ¡Vampiros en La Habana!, estrenada en 1985, seis años antes de que saliera a la luz The Southern Vampire Mysteries (Los misterios de los vampiros del sur), una colección de libros escritos por Charlaine Harris que inspiraron a Alan Ball para crear True Blood.

Que Alan Ball llegara con el notable aval que representan Belleza americana (American Beauty) y A dos metros bajo tierra (Six Feet Under), ya era una provocadora invitación para asomarse a esta producción de HBO en que los vampiros pueden moverse a sus anchas bajo los intensos rayos del sol al encontrar en True Blood (sangre sintética embotellada) el brebaje que los aleja de la sangre humana. Dentro de este grupo se halla Bill Compton (Stephen Moyer), quien con su pasado misterioso se instala en Bon Temps, un curioso pueblo de Luisiana en el que vive Sookie Stackhouse (Anna Paquin), una camarera con poderes telepáticos (la protagonista de las novelas de Harris), y donde transcurre la mayor parte de la acción de esta serie que se comenzó a transmitir en septiembre de 2008.

True Blood inicia cuando Sookie libra a Bill de ser liquidado por una pareja deseosa de extraerle lo que le corre por sus venas: la poderosa V, una sangre que actúa como narcótico para los seres humanos. Es así como Compton conoce a Jason (Ryan Kwanten) y a Sam (Sam Trammell), respectivamente, el hermano de su salvadora y el dueño del bar donde ella trabaja, junto a Tara (Rutina Wesley), su mejor amiga, y el primo de esta, Lafeyette (Nelsan Ellis), quien cocina y además trafica la droga de moda.

Por supuesto que no podía faltar en True Blood el siempre efectivo triángulo amoroso que tiene como tercer vértice a Eric Northman (Alexander Skarsgard), el sheriff del bar Fangtasia, donde se dan cita los vampiros integradores, es decir, los que pueden vivir en paz con las personas, pero que son odiados por los tradicionalistas: aquellos que se niegan a rendirse ante la «modernidad», pues lo de ellos es «a la antigua».

En su primera temporada este dramatizado que empezó con baja audiencia en comparación con otras propuestas de HBO, pero que al final consiguió completar 80 episodios distribuidos en siete entregas (terminó en 2014), se concentró fundamentalmente en las pasiones que la clarividente despierta en sus dos pálidos pretendientes, así como en el creciente número de brutales asesinatos que despiertan el terror en el pueblo y ponen en peligro la convivencia pacífica que existía entre mortales y  criaturas sobrenaturales.

De ese modo despegó True Blood que, como sus compañeras de género, se aprovecha de esa fascinación que históricamente han generado estos seres fantásticos, de la acción, la sangre y el sexo (como acostumbra HBO, los desnudos están a la orden del día aunque no tengan ninguna importancia para la narración) que no le pueden faltar a una ficción de esta temática, a lo cual se añade lo atractivo que representa contar una historia de intriga y suspense, la relación de amor-odio que se establece entre los tres personajes principales, y la lucha que se entablará en Bon Temps por la búsqueda de la aceptación social. Lo más interesante es que al principio pareciera que el objetivo esencial de Ball es burlarse de esas series y películas de vampiros adolescentes tan de moda, y en lugar de un drama nos presenta una comedia del absurdo.

Reconozco que al menos en las temporadas iniciales True Blood resulta divertida y entretenida, gracias a esa habilidad de los guionistas de mantener el ritmo justo y de idear una locura argumental tras otra. Sin embargo, llegó un momento en que, en verdad, se les fue la mano, sobre todo introduciendo más y más personajes (hombres lobos, hadas, híbridos...) y entrelazando más y más tramas; como si no tuvieran realmente claro hacia dónde querían llevar la serie.

De ese modo, con el paso de los capítulos fue perdiendo el norte lo que en los comienzos mostraba una estética algo diferente. A ello se une que aquí ni siquiera uno se puede dar el gustazo de disfrutar de actuaciones sobresalientes, que impresionen, que emocionen.

Del trío protagónico es el sueco Alexander Skarsgard, quien logra el     desempeño más interesante, porque el británico Stephen Moyer no cuenta con muchos registros, mas supera con creces a quien se agenciara un Oscar por El piano y hasta un Globo de Oro en la primera temporada de True Blood: Anna Paquin. ¿Será que luego perdió el entusiasmo? Porque peor actriz que ella en esa serie habría que mandarla a buscar (en el caso de los hombres Joe Manganiello, como Alcide Herveaux, no encuentra rival). Es el villano Russell Edgington, interpretado por Denis O’Hare, quien mejor sale parado dentro del nutridísimo elenco.

Algunos le achacaron la evidente pérdida de calidad que se empezó a observar en la serie a la salida que se produjo al final de la quita temporada, de Alan Ball, a quien por cierto la misma potente cadena televisiva apoyó recientemente para que viera la luz Here and Now, con Tim Robbins y Holly Hunter, sobre una familia multirracial contemporánea que ha adoptado hijos en distintas partes del mundo. Pero, volviendo al caso que nos ocupa, True Blood, habría que decir que no debía haberse esperado en ella una profundidad que, en mi opinión, nunca iba a aparecer.

 

Vampiros nacionales

Dirigida por el premio nacional de Cine, Juan Padrón, Vampiros en La Habana es su segundo largometraje de animación. Por su notable acogida, la historia de Joseph, el sobrino del profesor Van Drácula que anda por la capital cubana a pleno sol gracias a una fórmula creada por su tío vampiro y científico, tuvo su saga en 2003 titulada Más vampiros en La Habana. Pero ahí no se detuvo el autor de Elpidio Valdés en cuanto a sus inventivas relacionadas con el universo de los muertos vivientes, pues hace apenas tres años nos presentó el corto Xip Zérep contra los vampiros lácteos, unos personajes que persiguen una leche que se pueda masticar, que no sea como la sangre.

 

Los definitivos

Hasta el tercer episodio de la primera temporada, el personaje de Tara  fue interpretado por la actriz Brooke Keer, luego fue sustituida por Rutina Wesley, que quedó como la definitiva. Mientras, Alexander Skarsgard se presentó al casting interesado en convertirse en Bill pero le tocó conformarse con Eric Northman. El popular Ian Somerhalder también hizo las pruebas para True Blood sin tener tanta suerte. Sin embargo, acabó dando vida a otro vampiro famoso, Damon Salvatore en The Vampire Diaries.

Brooke Keer

Rutina Wesley

 

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.