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El sur global se ha fortalecido

La Cumbre de La Habana ratificó la unidad del G77 y China en su comunidad comprobada de desafíos y aspiraciones, y la propuesta de acciones para conseguirlas. Así lo plasma el texto final de la cita 

Autor:

Marina Menéndez Quintero

La Declaración Final de la Cumbre de La Habana recoge los pronunciamientos escuchados durante dos días de plenaria,  por lo que plasma la comunidad de problemas e intereses de los países del sur global, por encima de la diversidad del Grupo de los 77 y China que lo representa: un conglomerado de 134 naciones donde vive el 80 por ciento de la población mundial y que, como se escuchó en la cita, sigue resultando la mayor víctima de las desigualdades.

Esa resulta la primera razón de la ratificada unidad de nuestras naciones.

Tal confirmación de que tenemos los mismos retos y derroteros fortalece las posiciones conjuntas y la voz de los países subdesarrollados, que en esta reunión han pasado de la  denuncia y el diagnóstico, a la propuesta de acciones que dejarán sentir mejor su fuerza. Se ha ratificado que el G77 y China sigue siendo vital para hacer valer las posturas del mundo pobre ante la comunidad internacional, como principal grupo de concertación de las naciones en desarrollo.

Es en tal sentido que la cita constituye otro punto de partida en las vigentes demandas de un nuevo orden mundial y otra arquitectura financiera, así como en su condena a las sanciones unilaterales y la exclusión, exigencias a las que se suman otras nuevas propiciadas por el entorno actual como el acceso a la ciencia, la tecnología y la innovación, tema central de la reunión, y asunto que transversaliza la posibilidad de enrumbarse, en general, al desarrollo sostenible.

Fueron esos postulados puntos comunes de los oradores en el contexto de los avances científicos y tecnológicos inusitados que vive el planeta, y recogidos en la Declaración Final: un texto al que, a priori, las distintas naciones habían dado su aprobación durante las amplias negociaciones previas conducidas por Cuba, que añade esta reunión a sus logros desde la presidencia pro tempore.

Ello demostró también el relevante rol desempeñado por Cuba como convocante y anfitrión de la Cumbre, así como la credibilidad depositada en la Isla, y su capacidad de convocatoria y de articular posiciones dentro del G77, y entre este y otros foros internacionales.

Por todo ello puede afirmarse que la Cumbre de La Habana ha sido exitosa.

Del diagnóstico a la acción 

Entre las propuestas de la Cumbre de La Habana dirigidas a pasos concretos que faciliten el acceso a los beneficios de la ciencia, la tecnología y la innovación —algo imprescindible para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030, entre otros compromisos asumidos dentro del marco de la ONU y, en general, para conseguir vencer el subdesarrollo— se acordó retomar el trabajo del Consorcio de Ciencia, Tecnología e Innovación para el Sur, y se instó a los miembros del Grupo a evaluar y trazar estrategias para garantizar su funcionamiento efectivo.

En la cita también se acordó que los ministros y altas autoridades de Ciencia, Tecnología e Innovación se reúnan periódicamente para realizar un balance del papel de la ciencia, la tecnología y la innovación en las agendas de desarrollo aprobadas en las Naciones Unidas, y fortalecer la cooperación sur-sur en esas esferas.

Además, la Declaración insta a las comisiones, organismos, fondos y programas de las Naciones Unidas, en particular el PNUD, la Unesco, la Unctad, la Onudi y la Oficina de las Naciones Unidas para la Cooperación Sur-Sur, a realizar esfuerzos adicionales dentro de sus respectivos mandatos para apoyar a los países en desarrollo en el fortalecimiento de los marcos institucionales, y las políticas públicas relacionadas con la ciencia, la tecnología y la innovación.

Asimismo, la cita acordó llevar el tema hasta la Asamblea General de la ONU mediante la solicitud a su Presidente para que convoque, en el contexto del octogésimo período de sesiones de esa instancia de Naciones Unidas,  una Reunión de Alto Nivel sobre Ciencia, Tecnología e Innovación para el Desarrollo que se centre en particular en las medidas que deben adoptarse para atender las necesidades de los países en desarrollo en estos ámbitos.

Además, la Cumbre de La Habana acordó declarar el 16 de septiembre como el Día de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación en el Sur, y reafirmó el compromiso de los firmantes del texto de aplicar, en los planos nacional e internacional, las medidas concretas contenidas en la Declaración.

Diagnósticos y retos

La necesidad de un nuevo orden internacional, demanda principalísima enarbolada por el G77 desde los años de 70, vuelve a ser proclamada por esta Cumbre, al afirmar que los principales desafíos impuestos por la injusticia del desorden han alcanzado su expresión más aguda en la actualidad
debido, entre otros factores, a los persistentes efectos negativos de la pandemia de la COVID-19; las tensiones geopolíticas; las medidas coercitivas unilaterales y las múltiples crisis actuales, entre las que incluye las crisis económica y financiera, la fragilidad de las perspectivas económicas mundiales, el aumento de la presión sobre los alimentos y la energía, el desplazamiento de personas, la volatilidad de los mercados, la inflación, el ajuste monetario, la creciente carga de la deuda externa, el aumento de la pobreza extrema y de las desigualdades, así como los efectos adversos del cambio climático, y las brechas digitales, entre otras consecuencias negativas del actual orden para el mundo pobre, sin que hasta ahora haya una hoja de ruta clara para hacer frente a estos problemas mundiales.

En tal sentido, el texto destaca la urgencia de reforzar la solidaridad mundial y la cooperación internacional con los países en desarrollo, así como el apoyo a estos, y subrayó la necesidad de una reforma integral de la arquitectura financiera internacional y de un enfoque más inclusivo y coordinado de la gobernanza financiera mundial, con mayor énfasis en la cooperación entre los países, de modo que el desarrollo científico y tecnológico beneficie a todos.

La cita también rechazó la imposición de leyes y regulaciones de alcance extraterritorial y todas las medidas económicas coercitivas, incluidas las sanciones unilaterales contra los países en desarrollo, y exigió su eliminación inmediata al considerar que no solo socavan los principios de la Carta de la ONU y el Derecho Internacional, sino que constituyen un obstáculo para el avance de la ciencia, la tecnología y la innovación y el pleno desarrollo económico y social, al tiempo que tienen repercusiones «negativas y devastadoras» en el disfrute de los derechos humanos de las ciudadanías.

En otros pronunciamientos, la Declaración rechaza los monopolios tecnológicos y llama a la comunidad internacional para que fomente un entorno abierto, justo, inclusivo y no discriminatorio para el desarrollo científico y tecnológico.

El texto también insta a avanzar en la inclusión digital, y destaca la necesidad de invertir más en ciencia, tecnología e innovación, así como de la puesta en marcha de iniciativas para el desarrollo de los recursos humanos en estos ámbitos.

En tal sentido, subraya la importancia de formular estrategias encaminadas a combatir la fuga de cerebros de recursos humanos especializados, formados en los países del sur, y acuerda seguir promoviendo el interés de los jóvenes por los estudios científicos.

Asimismo, la Declaración reconoce las importantes contribuciones que el conocimiento producido por las actividades de investigación e innovación puede aportar al diseño de mejores políticas públicas, y alienta a la promoción de una gestión de gobierno basada en la ciencia y la innovación, tanto a nivel nacional como local, así como la inclusión de esta perspectiva en las estrategias nacionales de desarrollo.

Otro asunto reiteradamente abordado en las intervenciones ante el plenario y reflejado en la Declaración final es el reconocimiento al  papel de la ciencia, la tecnología y la innovación para identificar y enfrentar los desafíos planteados por el cambio climático, cuyos efectos impactan de manera desproporcionada a los países en desarrollo, apuntó, entre otros pronunciamientos.

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