Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Yo hablo tu lengua (I)

Más allá de las palabras, orales o escritas, el cuerpo humano propicia un modo de comunicarnos acaso menos evidente

Autor:

Carlos Alejandro Rodríguez

Tu mirada/ es el más perfecto modo/
de decirlo todo, todo,/
aunque no hayas dicho nada.

Canción de Carlos Cuevas

Esconder las emociones se ha convertido en una costumbre juvenil. «Nunca debes decir a una persona que la amas —dicen— porque se hará dueña de la situación». Pero ¿cómo ocultar el enamoramiento? El cuerpo, muchas veces, delata.

Según estudios del profesor norteamericano Albert Scheflen, al enamorarnos los músculos se comprimen y fortalecen, las arrugas del rostro y las ojeras tienden a desvanecerse, los ojos brillan, la piel se colorea o torna más pálida, el labio inferior se hace más pronunciado, la postura suele enderezarse, los músculos de las piernas se ponen tensos, se altera el olor del cuerpo y algunas mujeres afirman que se modifica la textura de su cabello.

El doctor Adam Kendon, psicólogo que trabajó con Scheflen, comenzó recientemente un análisis sobre el galanteo entre seres humanos valiéndose de parejas heterosexuales filmadas en parques y paseos públicos. El estudio indicó que la mujer muestra su sexualidad para atraer al hombre y luego lo tranquiliza mediante un comportamiento infantil —miradas tímidas, la cabeza inclinada hacia un lado y gestos suaves como los de un bebé—. El hombre, para demostrar su masculinidad, se para erguido y gesticula agresivamente, pero luego asume el comportamiento de un niño.

Aunque esta conducta responde a roles preconcebidos socialmente (mujer tierna/hombre rudo), lo extraordinario es que las personas pueden sufrir todos esos cambios sin tener conciencia de ellos, hasta que aprenden a aprovechar reflexivamente el lenguaje corporal a favor de la conquista y el galanteo, cualquiera sea su orientación sexual.

La comunicación gestual, no verbal o kinésica, como es conocida, constituye más del 60 por ciento de nuestras expresiones cotidianas. Así, valdría la pena explorarla como estrategia para transmitir nuestro interés por otros, especialmente quienes se preocupan por su timidez.

También a la inversa, las expresiones faciales, gestos, movimientos corporales y posturas nos permiten interpretar a los demás y descubrir su intención.

La cara, los ojos…

Cada gesto equivale a una palabra dentro de una frase, pero al contrario de lo que ocurre en el lenguaje oral, las frases gestuales suelen decir verdad sobre los sentimientos y actitudes de quien las emite, dicen los especialistas.

Varios estudios demuestran que las señales no verbales influyen cinco veces más que las orales y por tanto la gente se fía más de ese mensaje extraverbal, aunque los gestos se hacen más elaborados y menos obvios con la edad y es más difícil interpretar a una persona de 50 años que a alguien más joven.

El rostro humano transmite emociones. Aunque seamos capaces en gran medida de controlarlo, invariablemente en él se refleja nuestro carácter gracias a expresiones habituales casi identitarias. Sin embargo, al estudiar las expresiones faciales se ha comprobado que las personas, en su mayoría, saben fingir una intención, pero no saben cómo hacerla surgir espontáneamente o cómo debe desaparecer.

El contacto ocular intensifica la intimidad —mirar está relacionado de forma directa con el agrado—, estimula emociones y constituye un elemento importante en la exploración sexual según la forma y duración de la mirada.

Cuando nuestros ojos se encuentran con los de otra persona casi siempre sabemos cómo se siente, y por consiguiente el otro sabe que hemos penetrado su estado de ánimo. Por eso el contacto visual nos hace sentir vulnerables y expuestos, aunque no sea esa la intención de quien observa.

La mirada fija y sostenida constituye un signo de atención y amenaza para muchos animales, como para los seres humanos. La persona observada insistentemente alcanza un ritmo cardíaco más rápido que cuando no se siente centro de atención.

Por eso el investigador mexicano Guillermo Orozco aclara que no todos los gestos son actos expresivos. «Los hay ejecutivos, pero los seres humanos le adjudicamos valor a lo que se actúa y lo asumimos como comunicación no verbal».

El rostro, los ojos, las manos cobran una carga inexplorada de significados e intenciones. ¿Cuántas veces hemos hablado sin decir palabras? ¿Cuántas nos malinterpretaron porque en el imaginario de los demás debíamos asumir cierta pose?

Los gestos y posturas pueden ayudarnos a evidenciar de una manera más consciente nuestro interés por otras personas. Por fortuna ese lenguaje, el del cuerpo, es compartido por todos, y como fuente de erotismo solo está limitado por la imaginación.

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