Donde todas las semillas dan frutos

En la finca La Felicidad, en Alquízar, se demuestra que en Cuba también se dan las manzanas

Autor:

Adianez Fernández Izquierdo

ARTEMISA.— Estoy convencida: esta tierra es bendita. Basta una semilla, unas manos laboriosas y mucho tesón, y brota una planta llena de vida y de frutos. No importa si su naturaleza reclama un clima distinto al nuestro, o si todos dicen que es imposible. Al menos así lo demostró Orlando Sánchez Samarreño, un alquizareño con un poco de gallego, que vive orgulloso de su cosecha, nada más y nada menos que de manzanas.

Aunque parezca increíble, su patio integral La Felicidad, perteneciente a la cooperativa de crédito y servicios (CCS) Pedro Rodríguez Santana, en el municipio de Alquízar, tiene unas 600 plantas de esta fruta exquisita. Un tercio de estas ya mostraba frutos que en nada pueden sentir envidia de los importados que se comercializan en Cuba.

Lo que a inicios del año 90 comenzó como un pasatiempo, con dos plantas que le regaló el ingeniero agrónomo Gonzalo González, es hoy casi un sueño que crece por día… y con mucha dedicación de Orlando, más conocido como el Gallego, y su familia.

«No ha sido fáci; he tenido que estudiar mucho, intercambiar experiencias incluso con extranjeros conocedores de este cultivo, y nutrirme de vivencias para sacar afuera este campo. Y también innovar, porque el clima nuestro es diferente y, por tanto, las atenciones culturales también deben serlo».

De seguro a muchos les preocupa el sabor de estas manzanas tropicales. Para ellos el Gallego asegura que saben tanto o más deliciosas que las importadas, de lo cual fue testigo también este equipo. Incluso algunos de los extranjeros que le han aportado experiencias han declarado su preferencia por las manzanas de este campo, muy similares en color y textura a las de sus países, pero con un sabor peculiar, quizá impreso por el calor del trópico.

Tal ha sido su pasión por estudiar el tema que ha creado incluso una variedad propia con el nombre de su nieta, la pequeña Naomi. Y también obtiene posturas para aumentar su plantación, unas por margullo (o acodo: forma eficaz de generar una planta) y otras de las semillas de sus propias manzanas. Además ha interactuado con productores de otras zonas de Cuba, buscando evaluar los mejores lugares del país para el desarrollo de este cultivo.

Aunque este es el primer año en que obtiene un volumen mayor, el Gallego sueña en grande y piensa en elaborar jugos y compotas con el preciado fruto.

Junto a los manzanos comparten espacio, en sus dos hectáreas, plantas de melocotón, uva y fresa, cultivos poco difundidos en Cuba, pues muchos los asocian solo con países fríos.

De modo que ya no hay dudas, nuestra tierra es capaz de hacer germinar cada semilla si están de por medio la voluntad y el esfuerzo. Solo faltan manos como las del Gallego y su familia.

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