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Noticia preocupante: la CIA crea su propio laboratorio

¿Cuántos engendros saldrán del recinto «nuevo» cuando le sobra experiencia a la Agencia Central de Inteligencia en artefactos, elementos, armas y operaciones en sus guerras sucias?

Autor:

Juana Carrasco Martín

Dicen que fue el pasado lunes cuando la CIA instauró su propio laboratorio federal, una rama para la investigación y el desarrollo, y que eso la convierte en un posible socio para otros 300 o más laboratorios y expertos académicos de Estados Unidos. La Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos deja «filtrar» las ventajas que obtendrá de esta decisión: investigación de inteligencia artificial, biociencia, realidad virtual y aumentada, computación cuántica y materiales avanzados, así como su fabricación.

 Cualquiera pensaría que Langley —el cuerpo de espionaje independiente que solo le debe rendir cuentas al Director Nacional de Inteligencia y por ello es considerada un Estado dentro del Estado— se ha mantenido ajena a las «investigaciones y el desarrollo de las ciencias» y el empleo de estas en sus tareas, pero su historial sucio muestra más de una operación en que esas han sido armas utilizadas y con efectividad.

 El laboratorio en cuestión, que identifican como CIA Labs, corresponde a la denominación más larga de Custom Industrial Analysis Laboratories (Laboratorios de Análisis Industrial Personalizado), también permitirá a los funcionarios de la agencia de espionaje obtener patentes y licencias para cualquier propiedad intelectual que creen mientras trabajan en la agencia.

 Los agentes entonces serían capaces de tomar una parte de las ganancias, mientras que la CIA se llevará el resto del dinero, según la Revisión de Tecnología del MIT. Los oficiales podrían hacer el 15 por ciento de los ingresos totales con un máximo de 150 000 dólares por año, de acuerdo con el comunicado que daba a conocer la «iniciativa».

 «CIA Labs lleva a cabo investigaciones, desarrollos, pruebas e ingeniería multidisciplinarios para abordar nuevos desafíos; adaptar, mejorar o acelerar la producción de soluciones existentes; y resolver los persistentes problemas científicos y tecnológicos de nuevas maneras», apuntó el comunicado.

 Con CIA Labs dan como nuevo el consorcio de sus oficiales con el sector privado y la academia, en «apoyo de la misión de la CIA», una complicidad que realmente existe desde los mismos inicios de la Agencia, pero ahora jubilosamente anuncian que «a través de este trabajo, los oficiales de la CIA tienen acceso a investigadores líderes e instalaciones únicas, así como la exposición a estimulantes desafíos de seguridad nacional».

 En realidad, la dirección de Ciencia y Tecnología de la CIA, que dirige la doctora Dawn Meyerriecks, solo busca estimular su propia creatividad y sacarle ganancias a una competencia —dicen algunos— con Silicon Valley, la zona de la bahía de San Francisco, en California, que alberga buena parte de las compañías emergentes de la tecnología mundial, entre ellas tres sindicadas con el espionaje y la vigilancia global como Apple, Facebook y Google.

 La propia Meyerriecks lo reconoció, en el mejor de los casos es que la investigación y el desarrollo de la agencia podrían terminar pagándose por sí mismos.

 ¿Cuántas de las viejas convivencias han formado parte de las operaciones de la agencia, incluidas las clandestinas y las encubiertas? Eso queda para los anales secretos. En ellos deben estar planes ejecutados y ocultados, las identidades de personas y entidades involucradas, los resultados para sus objetivos y las consecuencias para las víctimas —estas conocidas por el mundo, pero oculta está la responsabilidad bajo siete sellos para que no pueda ser rastreada ni probada.

 ¿Cuáles serán las formas nuevas? También pasarán a formar parte del sigilo y de esos archivos recónditos, donde se esconden el reclutamiento de talento técnico y los ventajosos resultados del muy alto rendimiento científico puesto a disposición de los intereses políticos y de dominio mundial del imperio, incluida la introducción de los robots-CIA en nuestras vidas cotidianas, por citar una de las especialidades en desarrollo, o el procesamiento inmediato de los millones de datos que las agencias militares y de inteligencia de EE. UU. se encargan de recopilar desde las tecnologías de las comunicaciones…

 Al decir de Meyerriecks, la CIA ya se sentirá abrumada por la cantidad de datos que recopila… Como los tiempos avanzan, no hay dudas de que ahora les resultará más fácil decidir acciones a tomar con inmediatez, y la planificación y ejecución de un asesinato político, como el de Patricio Lumumba —por ejemplo—, o el golpe de Estado contra Salvador Allende, llevarán el sello de un drone o un robot-humanoide como armas para los asesinatos encubiertos.

 Tendrán, creo yo, un pase seguro en la guerra biológica, con virus y bacterias surgidas de cualquiera de los 300 laboratorios del entramado, capaces de ocasionar daños intensivos sobre fuerzas militares o civiles, sobre países enteros, y hasta de mayor connotación aun de aquellos que esparcieron sobre Cuba enfermedades animales y humanas.

 Recordemos apenas tres casos: la fiebre porcina que obligó a sacrificar 740 000 cerdos y detener esa producción alimentaria durante más de dos décadas; la epidemia del dengue hemorrágico que provocó miles de personas enfermas y la muerte de más de un centenar, la mayoría niños; y a comienzos de los 80, cuando supuestamente se «suavizaba» el bloqueo, y exportó cultivos hacia la Isla, dentro de la tela que los tapaba venía el moho azul del tabaco, que destruyó el 85 por ciento de los cultivos del famoso tabaco cubano que ahora, en septiembre de este bisiesto 2020, el presidente Donald Trump vuelve a cerrarles la más pequeña puerta del consumo personal a los estadounidenses, pretendiendo con ello el total ahogo económico a Cuba.

 Conejos, caña, bananos, abejas, frijol, papa, pimiento y otros cultivos, y mucho más, fueron parte del accionar de la CIA en una guerra secreta no declarada e ilegal de Estados Unidos contra Cuba que no ha cesado.

 No hay duda de que seguiremos siendo blanco de la CIA en sus acciones en el campo de las nuevas tecnologías. Por supuesto, no somos el centro, cuando tienen «enemigos» de mayor poder. China, por ejemplo; de ahí las operaciones contra sus avances tecnológicos y científicos, y no quiero especular sobre la compleja situación mundial que todos sufrimos y conocemos.

 Pero volviendo al inicio, el CIA Labs, lo dijo con orgullo la doctora Meyerriecks: «Está ayudando a mantener el dominio de Estados Unidos, particularmente desde una perspectiva tecnológica» (…) «Eso es muy crítico para la seguridad nacional y económica». La suerte está echada, la CIA mantiene su poder casi omnímodo en los nuevos tiempos. Seguirá siendo el permitido Estado dentro del Estado.

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