Fumando espero...

Autor:

Nelson García Santos

Algo se les está esfumando a los encargados de velar por la calidad del cigarro Popular, la más añeja de las marcas cubanas, fabricada en La Habana y Sancti Spíritus y nacida hace unas cuantas décadas. También el mal golpea a los Criollos y Titanes concebidos en Ranchuelo.

Con excepción de los Criollos elaborados en Holguín, los más demandados por la población a nivel nacional, las calidades de los otros resultan muy variables, y no temo afirmar que solo los ha salvado de la quiebra la falta de otra alternativa, sobre todo más asequible al bolsillo de la inmensa mayoría de los fumadores.

No queda más remedio, paradojas de la vida, que fumarlos a causa del condenado vicio, porque la mayoría del cigarro holguinero se destina a La Habana y a Santiago de Cuba. En provincias como Villa Clara, cuando a veces sacan unas ruedas, vuelan.

¿Qué les ocurre a los Populares, Criollos y Titanes? Simple y llanamente muchas veces los cigarrillos no contienen la cantidad de picadura que deben tener, y también, al parecer por ese motivo, poco a poco se vacían en la cajetilla.

Empleados de centros comercializadores consultados, aseguran que esa es la queja más recurrente de los fumadores. Y les consta esa realidad, porque al abrir las cajas para vender al menudeo aprecian cigarros semivacíos.

Hay quienes recurren a una simple estrategia, devenido un control de la calidad in situ, para saber cómo está la cajetilla. Palpan la caja y, si están blandos, de seguro les falta picadura. Esa circunstancia le causa otro problema al vapuleado consumidor, debido a que con dos o tres bocanadas se acaba el cigarro y tampoco se sacian las ganas de inhalar.

Si bien la fábrica de Holguín es la más moderna de las existentes en el país, circunstancia por la cual elabora un producto de más calidad, algo habrá que hacer en las otras para evitar sus oscilaciones en los estándares.

Resulta difícil de entender que se mantenga esa situación causante de malestar para una gran cantidad de fumadores, renuentes a dejar el vicio, pese al llamado a hacerlo por los graves problemas que puede acarrear para la salud.

Quizá basten solo dos estadísticas del Programa Nacional de Prevención y Control de ese hábito para atrapar la magnitud del fenómeno: en nuestro país fuma el 24 por ciento de los cubanos mayores de 15 años.

Más aterrador todavía es que lo hacen a sabiendas del soberbio impacto que tiene sobre la salud: el 15 por ciento de las muertes anuales son atribuibles a esta enfermedad adictiva crónica.

Nadie en su sano juicio puede cuestionar el perjuicio que origina el cigarro, pero los que siguen fieles al vicio, a pesar de los pesares, quieren tener a mano uno de la mejor calidad posible, aunque los lleve a contraer, inexorablemente, un padecimiento.

Los fumadores esperan la mejora, y ojalá esta llegue antes de que el condenado vicio termine pasándoles la cuenta con una de esas enfermedades que de solo mencionarla se tiembla. ¡Solavaya!

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