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Havana Jam: evento jazzístico más importante del siglo XX

Así catalogó el destacado músico Chucho Valdés al Encuentro musical Cuba-EE. UU. en entrevista concedida a JR

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Juventud Rebelde

Chucho Valdés. Foto: William de Jongh Sin dudas, lograr una entrevista con Chucho Valdés es una tarea de titanes. Fue un privilegio de lujo que me haya dedicado una hora de su apretada agenda entre la culminación del Festival Jazz Plaza 2009 y la salida a otros compromisos internacionales. Y no pude encontrar mejor momento que el éxito del festival y el anuncio de su nueva agrupación, La nueva banda, para que me contara, con esa sencillez que siempre lo acompaña, sobre el Encuentro musical Cuba-EE.UU., también conocido como Havana Jam, del que muy poco se ha hablado en 30 años a pesar de la talla artística de los músicos que colmaron el vasto escenario del teatro Karl Marx, del 2 al 4 de marzo de 1979.

—Chucho, ¿por qué surgió la idea de celebrar en Cuba el Havana Jam?

—En 1978 Irakere fue contratado por el sello CBS para hacer un trabajo discográfico. El presidente de la compañía, Bruce Lundvall, una persona muy musical y de una sensibilidad artística tremenda, vino a Cuba y escuchó la banda. Entonces nos invitó a hacer una gira por Estados Unidos. De ahí surgió el disco Irakere I, con el que ganamos nuestro primer Grammy. A partir de ahí, ellos tuvieron la idea de volver a Cuba y hacer un encuentro entre músicos cubanos y estadounidenses, al que le llamaron Havana Jam, que no fue más que una jam session, o sea, una descarga entre músicos de los dos países, incluidos artistas latinos, porque también vino la Fania All-Stars, que eran salseros puertorriqueños. Fue un encuentro muy emotivo y memorable, que considero como uno de los hechos culturales más importantes del siglo XX en cuanto a la interrelación y comunicación entre las culturas.

—¿Qué músicos vinieron por la parte estadounidense?

—No recuerdo todos los nombres porque fue una lista muy larga, pero te puedo decir que vino el grupo más fantástico de jazz de esos tiempos, Weather Report, con Joe Zawinul, Wayne Shorter, Jaco Pastorius y Peter Erskine.

John McLaughlin, Tony Williams y Jaco Pastorius conformaron el Trio of Doom.

«También participó otro guitarrista fenomenal, John McLaughlin, que tocó en un trío con Jaco Pastorius y Tony Williams, quien a su vez había sido el baterista de Miles Davis y de Herbie Hancock. Aquel trío fue increíble. A veces no se sabía cuándo estaba tocando Pastorius y cuándo estaba tocando McLaughlin, porque tan virtuoso era uno en la guitarra como el otro en el bajo. Hicieron unos dúos tocando al unísono, cosas que en la guitarra son mucho más sencillas, pero que en el bajo son muy difíciles. Fue una de las cosas más grandes del festival. Aquella unión de Pastorius, McLaughlin y Williams fue fantástica.

«La CBS armó una banda que llamó CBS Jazz All-Stars, la cual trajo nada menos que a Dexter Gordon y a Stan Getz como saxofonistas, a Woodie Shaw en las trompetas, a Hubert Laws en la flauta, a Cedar Walton en el piano, y a Percy Heath en el bajo, entre muchos otros. Fue una superbanda. La dirigía el hermano de Percy, Jimmy Heath, quien fue además el orquestador.

«En ese grupo de músicos también vino la Fania All-Stars, bajo la dirección de Johnny Pacheco, con Rubén Blades, Héctor Lavoe y Pete El Conde Rodríguez como cantantes, Roberto Robena en el bongó... ¡hasta Wilfrido Vargas como un trompetista más! Así que te puedes imaginar qué clase de banda era aquella, lo mejor de la Fania. También estaba Papo Lucca, que es uno de los mejores soneros que yo he escuchado tocar el piano en toda mi vida y uno de los mejores pianistas latinos de toda la historia, además de ser un compositor y arreglista increíble».

—Sin embargo, cuando cerraron el concierto de la primera noche, mucha gente del público se paró y abandonó el teatro. ¿Qué sucedió?

—Que la Fania no vino en el momento preciso. Entonces, en Cuba todavía no estaba «pegado» Rubén Blades con La chica plástica, Buscando guayabas, Pedro Navaja y todas aquellas canciones que ya se escuchaban pero que no eran populares aún y que luego fueron un fenómeno musical increíble. Si la Fania hubiera venido uno o dos años después, de allí no se hubiera parado nadie.

—En el campo jazzístico, ¿qué crees de la calidad de sonido de Weather Report?

—Mira, yo siempre he dicho que la calidad no necesita etiqueta. Cuando las cosas son muy buenas, aunque no tengan una etiqueta de marca, desde que tú las comienzas a escuchar te impresionan y marcan para siempre. O sea, los que no conocían a Weather Report y oyeron los sonidos de los sintetizadores de Joe Zawinul y del bajo sin trastes de Jaco Pastorius, del saxo de Wayne Shorter y la batería de Peter Erskine, se les pararon los pelos de punta, porque realmente fue una cosa extraordinaria. Y para nosotros, los que ya conocíamos aquello, la impresión fue igualmente especial.

«Zawinul y yo hicimos una amistad que quedó para siempre. Tanto así que después de ese encuentro, en el avión que nos llevó junto con ellos para Nueva York, Zawinul me dijo: “Mira, tu banda es fantástica, pero tú tienes que tocar más el piano. Deberías hacer un grupo pequeño donde puedas desarrollarte más en el piano. La banda es muy buena y te limita”. Por eso es que años más tarde me decidí a hacer el cuarteto.

«Te voy a hacer otra anécdota. Joe Zawinul y yo siempre mantuvimos una comunicación muy buena, y creo que, dentro de lo triste que fue, me tocó el corazón. Hace dos años, cuando enfermó, él tenía un concierto en Milán con su nueva banda, que entonces se llamaba Sindicato. Ya estaba muy mal de salud. Todavía conservo el e-mail donde él le dice a la gente del festival que no podría asistir y les propuso: “Por favor, manden a Chucho Valdés con su cuarteto para que haga este trabajo por mí”. Ese e-mail lo tengo guardado como un reconocimiento de amistad, de lo que logran los lazos culturales».

—¿Y qué consideras de un bajista como Jaco Pastorius?

—Pastorius era único. Es un caso sui géneris dentro de la interpretación de ese instrumento. Hay grandes músicos que han tocado y tocan la guitarra bajo, pero Pastorius creó un estilo, un timbre, un sello personal. Si no es Pastorius entonces es alguien que está tratando de tocar como él. Y eso fue uno de los éxitos más grandes de Weather Report, la sonoridad, el estilo y la forma de Pastorius de tocar el bajo, quien quedó para la historia como uno de los más grandes innovadores del instrumento.

—¿Qué me dices de las actuaciones de Rita Coolidge y Kris Kristofferson?

—Ellos quedaron muy bien y tuvieron mucho éxito. Aunque era otro tipo de música dentro del evento, pero era representativo de lo que es la cultura pop norteamericana.

—¿Y Stephen Stills?

—Stephen Stills es uno de los íconos de la época de oro del rock, aparte de ser una gran persona. Él fue parte del trío Crosby, Stills & Nash, que fue muy popular. Luego se separaron y él hizo su propio grupo. Ya te dije que después que terminó el Havana Jam nos fuimos a Nueva York en el mismo avión que ellos e hicimos una gira de dos meses con la agrupación de Stephen Stills por Estados Unidos. Ellos abrían e Irakere cerraba, o viceversa. Y al final tocábamos juntos. En esa gira yo escribí la música para los metales de su banda. ¡Te puedes imaginar aquel grupo de rock con los metalazos de Irakere! Lo que sonaba en aquellos finales era increíble. Esa gira fue inolvidable.

—El plato fuerte del Havana Jam en cuanto a música popular fue Billy Joel...

—Yo te diría que Billy Joel no era muy conocido aquí en aquel momento. Todavía no tenía la popularidad que luego alcanzó ese mismo año y al siguiente. Pero fue muy explosivo y a la gente le encantó. El público no tenía un conocimiento de todos los músicos que vinieron, porque eran diferentes especialidades. Pero realmente no hacía falta que los conocieran porque cuando los vieron tocar en el Karl Marx la impresión del público fue histórica.

—Ustedes participaron en varios jam sessions, tanto en el teatro como en el cabaret Pinomar, en la Playa de Santa María. ¿Cómo eran aquellas descargas?

—Toda una sorpresa. Te puedes imaginar lo que significa descargar junto a Pastorius, Tony Williams o Zawinul. Y ellos también sentían la emoción de venir a Cuba y escuchar nuestros ritmos en vivo. Se sorprendieron muchísimo de ver qué estaba pasando aquí en el campo musical, en especial con Irakere. Para ellos Irakere fue una sorpresa muy grande, porque no pensaban que aquí se estuviera haciendo una música tan avanzada dentro del jazz, sobre todo el jazz afrocubano. Y todo fue mágico.

—¿Qué queda del Havana Jam en el recuerdo de Chucho Valdés?

—Resultó ser un encuentro entre hermanos, un encuentro de las culturas, algo memorable del que me ha quedado un recuerdo muy grato. Para el público que pudo asistir y para los músicos cubanos, ese evento fue un intercambio cultural de primera línea, un intercambio de ideas, un lazo de unión entre la música afrocubana y la música afronorteamericana, un evento que combinó una parte importante de la música de entonces. En mi opinión, desde el punto de vista jazzístico, considero que el Havana Jam fue el evento musical más importante del siglo XX.

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