Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Exorcismo

De forma inexplicable, la zaga aguanta y los franceses logran la salvación

Autor:

Enio Echezábal Acosta

La noche de San Petersburgo era más oscura que de costumbre. Blanca como siempre a pesar de la hora; tras el inicio del ritual la velada se fue sumando a la ausencia de luz. Dentro del templo, la ceremonia iba ganando en intensidad. Al final nunca el proceso de desterrar a los demonios ha sido muy dado a la exhibición. 

Entre artificios de todo tipo, los franceses se meten dentro de las camisetas, botines y espinilleras como si estuvieran calzándose una sotana y la estola acompañante. Luego reciben las instrucciones de Didier Deschamps como quien lee la mismísima Biblia. Las órdenes del capitán que levantara la Copa hace 20 años se antojan versículos sacros.

Al frente está la escuadra belga, que llegó a Rusia dispuesta a devorarlo todo con tal de reclamar para sí un puesto más relevante en el «cielo» futbolero. El objetivo de la legión azul es despojar a los Diablos Rojos de ese halo «maligno» que ni siquiera los santos brasileros pudieron vencer en cruenta batalla sobre el césped.

Los primeros intercambios parecen ser el preludio de un trabajo fácil. Los subcampeones de Europa se adueñan de la pelota y tocan para todos lados. Pero como el agua bendita sobre el rostro del poseso, su efecto dura poco, y rápidamente las huestes de Roberto Martínez comienzan a hacer gala de sus capacidades paranormales.

Con De Bruyne, Hazard y Lukaku al frente de las diablescas tropas, los rojos empiezan a dar muestras de que algo inhumano les palpita dentro. El asedio a la fortaleza azul se convierte en lo único que los feligreses pueden apreciar sobre el verde del Krestovski. Mientras, los galos continúan depositando su fe en el contragolpe y soportan el castigo a la espera de un momento de debilidad que les permita traspasar las barreras colocadas por el ofensivo rival.

Así transcurren 45 largos minutos en donde ambos lados, luz y oscuridad, terminan repartiéndose el protagonismo. A poco de reanudarse el combate, un lanzamiento desde el vértice final es cazado al vuelo por Umtiti, que cabecea y rompe el cerco «demoniaco». Cuando parece que los iluminados podrán ejecutar el tiro de gracia y rematar el partido, Mbappé crea dos oportunidades que terminan siendo fallos clamorosos, y de paso reavivan la furia de sus enemigos.

Con toda la fuerza del Inframundo, cabalgando a lomos de las hazañas que gestó hace más de dos décadas la generación de Pfaff, Ceulemans, Scifo, Claesen, Gerets y Van der Elst, los Diablos comienzan entonces un ataque despiadado. Bajo palos, Lloris se convierte en la última línea de una defensa que pasa del estoicismo a la desesperación en poco tiempo. De forma inexplicable, la zaga aguanta y los franceses logran la salvación.

Aunque sin el brillo de las presentaciones previas, la sonrisa de Deschamps es inevitable. No es poca cosa haber salvado el honor de los reyes de antaño, ante el hambre voraz de aquellos que en tierra rusa han despertado con ganas de hacer su propia historia.

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