Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

La grandeza de los gestos

Autor:

Eduardo Grenier Rodríguez

Han pasado días, pero hay gestos que tienen la capacidad de volver una y otra vez a mostrarnos su carácter imperecedero. Los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Salvador 2023 concluyeron y en medio del mejunje de gloriosas actuaciones y también de fiascos, me vuelve a la memoria la humildad sin parangón de Laina Pérez.

Los tiradores cubanos han protagonizado un sinnúmero de crónicas. En algunas ocasiones, salta a la palestra su increíble manera de sobreponerse a las limitaciones y competir, como si su talento no necesitara de recursos en un deporte globalmente caro, elitista y sobre todo primermundista. En ese panorama Laina, Leuris Pupo, Jorge Félix Álvarez y otros han arrebatado medallas a los grandes.

Y por si fuera poco, en ellos resalta a simple vista una cualidad que pudiera resultar anodina y, sin embargo, ha sido destacada por periodistas, aficionados y rivales: son buena gente.

Por eso aunque a muchos dejara helados de la sorpresa la decisión de Laina Pérez de devolver a su ganadora la medalla de bronce en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, cuando una absurda ley de la competencia impedía que tres
atletas del mismo país subieran al podio, a quienes la conocemos o al menos hemos compartido en alguna oportunidad una charla con ella, no nos tomó desprevenidos.

Tanto Laina, como Leuris, Jorge Félix, Grau u otro, lo habrían hecho —estoy convencido— las veces que fueran necesarias, porque no comparten reglas que les otorguen méritos que no son suyos. Esas virtudes a veces pesan más que cualquier mérito deportivo.

Laina no pidió cámaras ni titulares para su gesto, porque en realidad solo buscaba la paz interior propia de quien consigue lo que sus esfuerzos le ofrecen sin regalos ni favoritismos. Y eso sacudió demasiado a la prensa deportiva presente en San Salvador, que hizo viral el video porque actuar correctamente no siempre resulta un hecho común.

Días después, sucedió lo mismo, pero al revés, cuando Leuris Pupo quedó tercero y un mexicano ascendió a su lugar por la misma ley. Sin embargo, Pupo, a quien le sobran los galardones, pero merecía su presea por la enorme dedicación de años al tiro deportivo, no recibió similar actitud por parte de su oponente.

El propio Pupo, al ser vencido por su compatriota y amigo Jorge Félix Álvarez, dijo con honestidad que era feliz, aunque hubiese quedado por debajo, porque al final la medalla iba para Cuba y para alguien que lo merecía.

Gestos así, repito, pueden parecer frívolos. No, no lo son. Gestos así merecen todos los titulares y toda la «viralidad» de redes y prensa, a ver si un día logramos convertir lo grande en algo cotidiano.

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