Tom Peters, Erick Sprague, Dennis Avner, Tom Leppard y Rodrigo Braga fueron noticia hace décadas, como otros, por someterse a numerosas cirugías para autocomplacer su deseo de verse como determinado animal. Entonces, si querían ser serpiente o dragón, bifurcaron sus lenguas, dotaron de escamas su piel y tatuaron sus ojos, además de asumir conductas como tales. Quien quiso ser lobo, se implantó un hocico y quien deseó ser leopardo, tatuó el 99 por ciento de su cuerpo para lograrlo. Toco, con su traje hiperrealista de perro collie, se pasea por Japón como tal y Sanson Yfrey, quien modificó significativamente su apariencia para mostrarse como un alien, recientemente ha desatado comentarios, por lo contrario, es decir, por manifestarse deprimido ante una decisión que ya no tiene marcha atrás.
Hace más de 15 años, cuando escribí por primera vez sobre el tema, internet aterrizaba en nuestros predios con una lentitud desesperante, pero aun así el fenómeno de la «cola loca informática» ya estaba expandido por aulas, recintos académicos, informes de instituciones... y más.
Hay palabras que adquieren un relieve especial en momentos difíciles. Solidaridad y unidad son dos de ellas. En las esquinas, en los barrios, en las colas, en cada familia cubana, resuena hoy la certeza de que el futuro no se construye con las manos cruzadas ni desde el aislamiento, sino desde el abrazo humano que multiplica las fuerzas y abre caminos donde antes solo había incertidumbre.
Nunca he olvidado las imágenes de aquellos adolescentes, vecinos entre sí, que estaban sentados en el único banco del parque. La escena era de paz hasta que el más grande, uno de esos muchachos corpulentos que sobresalen por su físico y son temidos a su alrededor, resbaló y cayó a tierra. Al levantarse, con soberbia, le dijo al otro: «Mira lo que me hiciste, te voy a dar una galleta».
Ojalá, en las cercanías de este 14 de febrero, el mundo y la patria nuestras, sobre los que se posan nubes muy grises y soplan vientos con olor a azufre, tuviera, como en la pradera esperanzadora de colores de un cuento infantil, un árbol de corazones. Uno que adorara toda la especie humana, y toda la «especie cubana», por su belleza y esplendor, y especialmente por su significado.
Ella sintonizó conmigo desde la primera mirada, algo familiar flotaba en el aire. Salomé Campanioni, editora general del sistema web de la radio en Cuba, me tomó las manos, y de ahí nació la sección Radiaciones. La radio necesita que la cuenten, que la aquilaten, y esta era la oportunidad.