En 2003, antes de que Estados Unidos desatara la guerra en Irak, una webcam mantuvo durante horas un encuadre fijo de Bagdad. El rótulo de la página era más importante que la tecnología: «No son números». Allí no había mapas militares ni partes de guerra, sino una calle, autos, peatones, gente que todavía iba y venía por una ciudad a punto de ser bombardeada. La cámara no detuvo la invasión. Sin embargo, hizo algo indispensable. Puso rostro a quienes pronto serían reducidos a estadísticas.
Sin fórmulas exactas, y mucho menos con la seguridad de que la práctica calque la validez del papel, las 176 transformaciones económicas y sociales, aún con olor a cascarón, apuestan por liberalizar y descentralizar parcialmente la economía cubana. Llegan en uno de los contextos más asfixiantes de la historia de esta nación. Por tanto, todo lo que se haga para aligerarlas y que, por supuesto, se sostenga en organización, optimización de procesos y legalización de rutinas, deberá recoger una mejor cosecha que la actual.
Nueva Delhi da abrigo a la 18va. Cumbre de los países Brics este fin de semana con la presencia de los máximos líderes de sus 11 países miembros: India, el anfitrión, Brasil, Rusia, China, Sudáfrica, sus fundadores, de cuyas iniciales se forma esa sigla que los identifica.
La prevención de infecciones de transmisión sexual (ITS) entre jóvenes no es asunto menor ni una advertencia rutinaria: es una urgencia de salud pública y también un desafío educativo, familiar y social.
Hay algo profundamente humano en la música. Desde tiempos remotos cantamos para celebrar, para llorar, para contar lo que nos duele. Una canción es, en esencia, una forma de decir «yo también sentí esto». Por eso llama tanto la atención que en los últimos días una nueva figura esté sonando en todas partes. Su voz es perfecta y su historia de vida conmueve. Tiene fans, tiene críticos, tiene una biografía completa. Pero hay un detalle: esa persona no existe. Es una creación algorítmica.
A mí también me llegó. Como al resto de sus contactos, el mensaje apareció en la pantalla con un tono zalamero, impostando a la perfección a aquel compañero de trabajo. Pedía una transferencia a cambio de efectivo que presuntamente haría llegar a la oficina al día siguiente. «Tú sabes que conmigo no hay problema», remataba la frase, confiado. Y entonces, la emboscada.
BEIJING, China.― A Cuba la separan de China ―entre mar y tierra― unos 13 500 kilómetros, una vuelta completa a las manecillas del reloj y un inusitado tránsito por los husos horarios, que permite contemplar desde el aire un doble amanecer.
Antes de nuestra era, cuando se hablaba de transformar la gastronomía estatal —por ineficiente, corrupta, atrasada y burocrática—, la tabla de salvación que aparecía en el horizonte, al inicio de manera más o menos tenue, era la de caminar hacia la privatización.
Una de las primeras cosas que me preguntaron al llegar la semana última a Beijing, la capital de la República Popular China, donde me encuentro junto a otros cien colegas del mundo, resultó algo chocante. Fueron dos latinoamericanos quienes me soltaron una interrogante en forma de granada letal: «Cubano, ¿es cierto que Raúl murió?».