No hay nada más cómodo que etiquetar y descalificar. Eso liquida cualquier discusión, cualquier matiz, todo intento de comprender lo que vivimos —y lo que viviremos—.
En la madrugada del 10 de marzo de 1952 los cubanos despertaron con una noticia que estremecería los cimientos de la nación: Fulgencio Batista y Zaldívar, el otrora sargento taquígrafo que escaló posiciones como la espuma hasta autoproclamarse “hombre fuerte” en los años 30, había dado un golpe de Estado.
Tengo que confesar que no han sido pocas las preguntas que ha recibido este comentarista en las últimas semanas sobre las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Y no es para menos porque todos los días nos llegan múltiples informaciones, opiniones y versiones desde la nación norteña, lo mismo desde el Gobierno, medios de comunicación tradicionales o las engañosas redes sociales digitales…
Durante días, la capital estuvo envuelta en humo. No era la neblina de la madrugada ni el polvo del tráfico, sino el resultado de la quema de basura ante la imposibilidad de recogerla. El aire pesado y la suciedad en las calles se convirtieron en el recordatorio más palpable de las fragilidades.
¿Se puede hacer lo mismo en circunstancias distintas? La respuesta es obvia. Entonces, ¿por qué en momentos diferentes se continúa, en esencia, con la misma manera de hacer o diseñar los servicios y, en cierta medida, hasta el funcionamiento de la sociedad?
Así de repente, como suelen ser las cosas en el gremio reporteril, Tubal Páez Hernández acató este martes en la Casa Central de la Prensa su misión más emocionante en calidad de «Presidente de Honor» de la UPEC: erguirse de su butaca de ejemplo, donde antes se le veía muy relajado, para improvisar a puro nervio un discurso hermoso y cercano al enterarse allí mismo que el Premio José Martí por la Obra de la Vida en el sector es en 2026 para… ¡Tubal Páez Hernández!
«Oye, termina ya con esta vuelta… y el sábado vamos a hacer el pan, a lo grande, porque estará Ja Rulay en la Tropical, ya tú sabes…». Así le decía un hombre desde su triciclo eléctrico, mientras manejaba, a su colega en funciones idénticas en otro triciclo. Ambos transportaban pasajeros por la avenida 23, y esta «indicación» fue compartida en las cercanías de Coppelia, justo ...
Posiblemente, el indicador más recurrente de la desesperación, de la ansiedad, es el desequilibro de nuestra condición más armónica, de nuestro estado de coherencia interna con nosotros mismos y con la realidad, al que llamamos calma. Cuando se habla de calma se hace referencia a un estado mental en que predomina la tranquilidad, el sosiego, la paz. La mente está quieta y serena. El cuerpo está relajado.
Si nos excedemo...