Hace más de 15 años, cuando escribí por primera vez sobre el tema, internet aterrizaba en nuestros predios con una lentitud desesperante, pero aun así el fenómeno de la «cola loca informática» ya estaba expandido por aulas, recintos académicos, informes de instituciones... y más.
Hay palabras que adquieren un relieve especial en momentos difíciles. Solidaridad y unidad son dos de ellas. En las esquinas, en los barrios, en las colas, en cada familia cubana, resuena hoy la certeza de que el futuro no se construye con las manos cruzadas ni desde el aislamiento, sino desde el abrazo humano que multiplica las fuerzas y abre caminos donde antes solo había incertidumbre.
Nunca he olvidado las imágenes de aquellos adolescentes, vecinos entre sí, que estaban sentados en el único banco del parque. La escena era de paz hasta que el más grande, uno de esos muchachos corpulentos que sobresalen por su físico y son temidos a su alrededor, resbaló y cayó a tierra. Al levantarse, con soberbia, le dijo al otro: «Mira lo que me hiciste, te voy a dar una galleta».
Ojalá, en las cercanías de este 14 de febrero, el mundo y la patria nuestras, sobre los que se posan nubes muy grises y soplan vientos con olor a azufre, tuviera, como en la pradera esperanzadora de colores de un cuento infantil, un árbol de corazones. Uno que adorara toda la especie humana, y toda la «especie cubana», por su belleza y esplendor, y especialmente por su significado.
Ella sintonizó conmigo desde la primera mirada, algo familiar flotaba en el aire. Salomé Campanioni, editora general del sistema web de la radio en Cuba, me tomó las manos, y de ahí nació la sección Radiaciones. La radio necesita que la cuenten, que la aquilaten, y esta era la oportunidad.
Pocas veces logra filtrarse la autenticidad en un evento de hegemonía cultural de la talla de los Grammys. No obstante, lo acontecido durante esta 68va. entrega fue una honrosa excepción para la familia latinoamericana.
Desde el escenario más comercial de la música anglosajona, artistas premiados de talla internacional aprovecharon sus minutos de agradecimiento para denunciar la brutalidad del Servicio de Inmigración y Control de Adu...
Ni crea nadie que son felices. Padecen de rabia y obesidad en las ideas. Tienen tantas cosas que consumir que estas los consumen a ellos y los dejan sin alma: digeridos y aptos para quedar desechos, no «en menudos pedazos», sino en virutas adiposas compactadas por el exceso erosionante de McDonald′s, papas fritas y Pepsi colas.