Arrancó la nueva telenovela cubana y, con ella, ese silencio tenso que recorre Cuba, de punta a punta, cuando un país se sienta —siempre que los apagones lo permitan— a juzgar los primeros compases de una ficción. No hay término medio: o la química prende desde el minuto uno, o el fracaso se multiplica en memes voraces desde el primer capítulo.
Un post hallado —sin más— en una red social me invitó a pensar esta mañana en Claudia Sheinbaum. «¿Cómo calificarías, con una sola palabra, a la Presidenta de México?», invitaba el texto, acompañado de una foto de la mandataria como la hemos visto tantas veces en sus habituales conferencias matutinas de prensa: ante el micrófono.
Hay preguntas que, por el simple hecho de formularse, causan preocupación. ¿Deben las mujeres tener derecho al voto? Que en 2026 estemos escuchando esta interrogante en debates, viéndola en titulares y encontrándola en videos virales no es casualidad ni inocencia. Es un acto político deliberado y una maniobra que busca transformar lo que debería ser un derecho innegociable en una controversia legítima.
No tirar al niño con el agua sucia es el axioma con que se convoca a no perder lo esencial cuando nos despojamos de lo superfluo. Creo que fue en el primer lustro de los 90, cuando apenas comenzábamos a admitir y fomentar la pequeña (mínima) iniciativa privada con un grupo de actividades de servicio unidas a la inversión extranjera (sobre todo enfocada al turismo) que comenzaron los resabios teóricos anunciando el abandono de rumbos «sagrados» del proceso revolucionario.
¿Cuál momento de tu vida te perdiste por estar pendiente del teléfono celular? Tómate tu tiempo, apela a tu memoria y reflexiona.
¿Alguna vez tuvo usted una gaveta trabada, y mientras más intentó moverla más reacia se comportó? El primer instinto cuando ocurre lo anterior es a desesperarse, intentar repetir, mecánicamente, el gesto de abrir y cerrar sin que la guardadora ceda. Ante esa situación, que pareciera tan simple, también se ven, no pocas veces, las sociedades. Algo no anda bien, algo socialmente costoso se traba, y la primera reacción es a repetir, instintivamente, las mismas salidas.
Ella viene hacia mí, ella se lanza con sus brazos abiertos hacia mi pobre pecho. Ella teje en el aire el hilo sutil y misterioso de una ciudad. Me envuelve en él y abre las puertas de su casa frente al mar.
Quinta vez. Resolver una gestión bancaria puede exigir, además de tiempo, mucha constancia. «Con pago a jubilados no podemos atenderte», «no hay conexión en el sistema», «eso lo atendemos antes de las 10:00 a.m.», fueron algunas de las respuestas para que, a tono con el Mundial de Fútbol, no dejara de sentirme pelota entre expertos jugadores.